lunes, 14 de febrero de 2011

Viscerales


La semana pasada me llegó Viscerales. Mario Crespo y José Ángel Barrueco han coordinado una antología que ya sólo al tacto en un placer, mi enhorabuena a la editorial. Un buen diseño, una portada cuidada y una maquetación que hace cómoda la lectura (en los tiempos que corren, se ve más de un libro que pierde fuelle por una mala combinación de estos tres factores). Tengo el placer de poder aparecer en ella junto a una serie de autores que ya querría más de un editor para su catálogo. En el libro tengo dos guardaespaldas de cuidado. Justo antes, con un poema demoledor, Karmelo Iribarren, casi nada. Y después, el gran Vicente Muñoz Álvarez. Dos buenos guardaespaldas para sentirme protegido.
Por ahora lo voy leyendo poco a poco, saboreando cada texto. Libros así son para deleitarse. Mi más sincera enhorabuena a los antólogos. Y, por supuesto, mi agradecimiento por permitirme formar parte de sus páginas.



Un detalle que hace aún más especial este libro, es la dedicatoria a la madre de José Ángel Barrueco, Ana Franco. Para ella todas las visceras con las que los textos han sido escritos. Sin duda alguna, seguro que más un cuadro suyo podría haber estado acompañándonos. Sé de buena tinta que tenía visceras y que se las dejaba en los lienzos.



La llamaré Jeanne. Se le parece, me la recuerda: a Jeanne Hèbuterne: la sumisa compañera y modelo ocasional de Amedeo Modigliani que, a las pocas horas de la muerte de éste, embarazada de nueve meses, a punto de dar a luz, se suicidó arrojándose desde la ventana de su casa.

David Gónzalez. París.




Viscerales. Mario Crespo y José Angel Barrueco.
Ediciones del viento. 2011.

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