miércoles, 22 de diciembre de 2010

Si te caes, te levantas. José Ángel Barrueco.


Mi madre, que en paz descanse, no hubiera permitido bajo ninguna circunstancia que nos hundiéramos. Nos enseñó a afrontar la vida echándole cojones, levantándonos siempre a luchar. Por eso este blog, que es mi amigo y mi confesor, debe continuar. Sólo hay un camino y es hacia delante: me lo han dicho varias personas en estos días de luto. Tienen razón. Como no quiero mortificarme ni mortificaros, tras las navidades abriré un blog dedicado a ella y a su obra, para no mezclar los temas: un proyecto que yo acariciaba desde que supimos de su enfermedad, hace poco más de un año. Un proyecto que no logré hacer realidad porque necesitaba material (fotos, retratos, esbozos, catálogos de sus exposiciones, etcétera) y, en medio de los desbarajustes y trastornos propios del cáncer, ella me decía: “Ya lo buscaremos. Ahora no”. Y ahora se convirtió en nunca. Rebusco entre sus pertenencias y voy sacando ese material. Lo que no evitará que, de vez en cuando, cuelgue en esta bitácora algún artículo (mañana mismo) dedicado a ella, o un poema, o algún cuento, entre otros homenajes que llevo todo el año preparando y que, al final, no podrá ver.

Releo ahora un poema que escribí para una próxima antología y en ella rememoro el último concierto que vimos juntos: el de Leonard Cohen, que abrió con la canción Dance me to the end of love (y me he sobrecogido: ese es el tema que mi hermana le puso en sus últimos minutos de vida; yo no lo recordaba). Colgaré ese poema, aquí o en la otra bitácora. Es lo mínimo que puedo hacer.

La última ilustración que hizo para David González tuvo que hacerla con la mano izquierda, siendo diestra (porque apenas podía mover ya el brazo derecho, con el que pintaba). No estaba del todo convencida de ese dibujo porque le parecía hecho por un niño: pero a mí me llenó de orgullo que dibujara con la izquierda, que no se rindiera, pese a los zarpazos continuos de la enfermedad. Como si dijera: si me arrebatan una mano, me queda la otra. Eso significa no rendirse. Significa echarle ovarios.

Nuestra madre le dijo hace poco a mi hermano que sabía que estábamos preparados para cuando ella se fuera. Así que no queda otra que estar a la altura de sus previsiones. Mi papel consiste en honrar su memoria. No hay más remedio que levantarse, listos para seguir peleando.




Puedes leerlo en su blog aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada