lunes, 20 de diciembre de 2010

Ana Franco


La verdad es que no tengo casi palabras. Cuando a alguien se le muere un padre o una madre hay pocas palabras que valgan. Conozco a José Ángel Barrueco desde no hace mucho tiempo. No soy un amigo de la infancia. Pero el tiempo que hemos compartido creo que nos ha unido de una forma especial. Y es por esto que la muerte de su madre me deja jodido de verdad. Porque no lo merecía. Ya sé que nadie merece morir, pero hay algunos casos que te parecen especialmente más injustos. No podré estar en Zamora y eso me duele. Así que desde aquí un pequeño homenaje a Ana. Y todo el apoyo a Jab y a su familia para estos momentos. Descanse en paz.

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