martes, 21 de febrero de 2012

La tragedia de Puerto Hurraco

Resuelta a no dejarse ganar por la primera impresión del día, cogió las sábanas y salió al campo para tenderlas, ya que a su patio no llegaría el sol hasta bien entrada la mañana. Al salir a la calle Carrera, le cegó la luz, el fogonazo de las casas blancas en las que reverberaba la claridad de agosto. Entornó los ojos con la rutina de la costumbre y no prestó atención a los movimientos de la vecindad sumida como iba en su preocupación. Al regreso sí reparó en el coche aparcado, ¿estaba ahí cuando he salido? -se preguntó-, y en las personas que merodeaban por la casa quemada.



Xosé A. Perozo. La tragedia de Puerto Hurraco.
Editorial Planeta. 2004.

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