martes, 2 de julio de 2013

La maquina de Cortázar - Alberto Paciano


En 1997 compré la máquina en la que Julio Cortázar escribió Rayuela. Desde entonces no puedo escribir con otro artefacto. Ni siquiera con las plumas. Para empezar, al tomar una pluma, ya se está en una actitud ajena a la escritura: más cerca de los trazos, de las líneas y los rayones, se antoja más dibujar circulitos o largas líneas que cruzan la hoja a manera de pentagrama imperfecto, pero no de escribir una palabra. Quien revise mis borradores, encontrará todo esto. En cambio con la máquina de Julio las cosas son diferentes. A uno le dan ganas de poner un disco de Bill Evans e irse metiendo en las páginas, decidido a perderse en cualquier digresión hasta el punto final. Y así sucede. Puedo escribir durante horas hasta que el sueño pide lo suyo. A veces, juego a que soy Julio Cortázar. Me dejo la barba, fumo, aunque no tengo el hábito de fumar; juego ante el espejo que esta frente a mi escritorio a practicar ciertas posiciones corporales que mi estatura, sin llegar a la de Cortázar, me facilita las cosas; imito su voz, me toco mi boca, el borde de mi boca, y todo va perfecto, escribo sin trabas, sin apenas planear algo, como si los golpes vinieran empujados desde las teclas a la punta de los dedos.
Se me ocurren cosas que seguramente no se me ocurrirían si escribiera con cualquier otra máquina, digamos, con la antigua máquina del periódico, la que utilicé por allá en el ochenta. Han sido tantas personas las que han metido sus dedos allí; que el objeto pierde esa especie de imantación que solo pueden tener aquellas cosas que fueron usadas por una sola persona. Hasta donde yo sé, hasta donde me han dicho, solo Julio Cortázar escribió en esta máquina. Ignoro si le tenía mucho apego o no; si se sentía incapaz de escribir con otra o todo esto era perfectamente irrelevante. Me gusta pensar que la necesitaba tanto como yo, que le gustaba, como a mí , mirarla por un largo rato, sin tocarla, pensando en que las palabras no existen hasta que uno se pone a respirar y pone el papel y presionas para que la palabra tenga forma, peso, aroma, realidad.
Escribir en la máquina de Cortázar ha cambiado también mis costumbres o mis habilidades de taquigráficas. Antes, en la computadora, escribía usando todos mis dedos. Llegaba rápidamente al final de la frase y ahí estaba el muro, el ahora qué, las ganas presionar el erase hasta el inicio, como en un desmayo hacia atrás; ahora, escribo solo con mis dedos índices, lentamente, presionando con esfuerzo para que la letra imprima bien, como en esa fotografía a blanco y negro que anda circulando con la red, en donde se le ve Cortázar tan inteligente, tan concentrado en su juego. No estoy seguro cuántas utilizó Cortázar a lo largo de su vida. Al menos tuvo esta. El que me la vendió, un judío polaco, me garantizó que era de él, incluso me enseñó esa foto; se parecen tanto. Justamente este Polaco le vendió a un colega la máquina de George Perec. Era un escritor, mi amigo, sencillo y modesto. Ahora está hecho un lío. Yo tampoco podría escribir con una máquina de Perec, primero, porque apenas lo he leído. No veo en él a ningún maestro, no tengo por él más admiración que la que me puede inspirar los comentarios elogiosos de los colegas que sí lo han leído, que si lo admirar, no sé por qué.
En una semana visitaré a un amigo en Buenos Aires que va a inaugurar un museo de la vida de Julio. Entre otras cosas-fotografías, textos, la gabardina con la que llegó a Paris en el cincuenta o el cincuenta y uno- exhibirá una máquina de Cortázar. Prometí llamarle en cuanto llegara a la ciudad para encontrarnos en un café; iremos después a la casa del anticuario que estará a cargo del museo, y que jura tener documentos de autenticidad y pruebas y testimonios. Le diré que no pueden exhibir esa pieza. Les pediré de favor que no lo hagan. Somos amigos. Posiblemente, ya veremos. Buenos Aires es triste.



El texto original, de Alberto Paciano, se puede leer aquí:

miércoles, 19 de junio de 2013

Vinalia Trippers - Spanish Quinqui


Podéis encontrarlo en cualquiera de estos puntos:


MADRID 
-Arrebato Libros, c/La Palma 21, metro:Tribunal
-La Integral, c/de León 25, metro: Antón Martín
-Enclave libros, c/Relatores 16, metro: Tirso de Molina
-Panta Rhei, c/Hernán Cortés 7, metro: Tribunal
-La Fruslería, c/Embajadores 41, puesto 62

LEÓN
-Elektra cómics,c/Comandante Zorita 4
-Librería Artemis,c/Villa Benavente 17

GIJÓN
-Librería Paradiso,c/ de la Merced 28

ZARAGOZA
-Librería Portadores de Sueños,c/Jerónimo Blancas 4

ZAMORA
- Sala Berlín, CC La Marina
- Avalón Café, C/San Andrés 17

PAMPLONA 
-Me quiero Vivir, Plaza del Castillo 38

BARCELONA
-Acció cultural, c/Martinez de la Rosa 57
-Arkham Cómics, c/Xuclà 16 



y aquí tenéis el blog, donde se irán dando detalles de las presentaciones.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Cartas a los Jonquières




Venía del Louvre con una amiga, y nos paramos  a mirar Notre-Dame, lejana, entre una bruma azul. Entonces, en menos de un minuto, ocurrió el milagro, la locura absoluta. Los faroles de gas se encendieron de golpe, y la piedra de los pretiles, yo no sé por qué mezcla de aire y luz, se puso intensamente rosa. Nosotros la mirábamos, mudos. Entonces vimos que la proa de la Cité y las torres lejanas habían pasado instantáneamente a un violeta profundo, y a la vez el río estaba verde, un verde lleno de oro. Yo cerré los ojos, desesperado al comprender que eso no podía durar, que esa cosa veneciana iba a degradar instantáneamente, a perderse… Pero duró, dos o tres minutos, el tiempo de ver subir las primeras estrellas. 




Julio Cortázar. Cartas a los Jonquières.
Alfaguara. 2010.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Un poema de Lorena Iglesias

VACANTE


¿Quién vive en esas casas
que pasan tan rápido,
detenidas al costado de la ruta?

Desde las autopistas y los trenes
los edificios
me entristecen.

Es imposible que exista
toda esa
gente.



Lorena Iglesias. Horny Housewife Kidnapped.
Ed. Clase turista.

martes, 30 de octubre de 2012

Un poema de Gsus Bonilla


39. 
ay, el frío

eres como un muchacho chico
con un tarro de nocilla entre las manos

y aguardar hasta la noche
a la vuelta de tu padre del trabajo
y registrar en su merienda
a ver si le ha sobrado pan



Gsus Bonilla. mi Padre, el rey. 
Ediciones la Baragaña, 2012.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Descansando


Mi sobrino Yago y yo.
Es un crack.


Fotografía de Iván Carbonell.

viernes, 20 de julio de 2012

Calle Progreso, 1957 - 2011


El año pasado estuve recorriendo lugares donde mi familia había vivido. En la foto, la calle progreso en el Cabañal, en Valencia. La foto se realizó después de las riadas del 57, cuando todos salieron a limpiar las calles. La mujer encima del punto negro es mi abuela, Asunción, y en otra foto que tengo también se ve a mi padre. Aquel día acabé viendo por fuera la que fue su casa, aunque sólo su versión renovada, ya que en la que ellos vivieron fue tirada y ésta era la nueva que se construyó.