jueves, 29 de diciembre de 2011

Tiempo de vida. 2.


Se necesitan muchos días sin oír al teléfono la voz de una persona para acostumbrarnos a su ausencia; se necesitan muchos días reprimiendo el impulso de llamarla para acostumbrarnos a que ya no contestará, se necesitan muchos días guardándonos comentarios que sólo a ella haríamos para acostumbrarnos a que en adelante será así, se necesitan muchos días preguntándonos qué diría de algo sobre lo que, sabemos, tendría una opinión más certera que la nuestra para acostumbrarnos a que a partir de ahora deberá bastarnos con nuestro criterio, se necesitan muchos días mirando sus fotos para acostumbrarnos a que son las fotos de un muerto, se necesitan muchos días contemplando lo que nos legó para acostumbrarnos a que ya no es suyo sino nuestro, se necesitan muchos días haciendo recuento de vivencias comunes para acostumbrarnos a que jamás se repetirán, a que sólo nos queda la memoria. Una memoria, además, que no permanece inalterada.



Marcos Giralt Torrente. Tiempo de vida. Anagrama. 2010.


jueves, 22 de diciembre de 2011

Tiempo de vida


Había pensado en este libro antes de que fuera decoroso tomar notas para él. Durante meses, mientras mi padre se apagaba delante de mí, supe que escribiría de nosotros, y esta seguridad se convirtió en la mejor defensa contra la saturación de sentimientos en la que zozobraba. Me sentía aturdido, y convencerme de que en el futuro haría recuento me permitió posponer el momento de asimilar lo vivido. Recluirme en el presente, en el estupor, usarlo como barrera. Las cosas pasaban, pero no pasaban del todo. Les faltaba el calado que me negaba a considerar.




Marcos Giralt Torrente. Tiempo de vida. Anagrama, 2010.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Historias de Nueva York


Mi epifanía neoyorquina, mi revelación personal, ocurrió sin embargo en invierno. Salía del metro en la estación de la 157 con Broadway, ya había oscurecido y caía una nieve muy espesa. La zona, que de suyo es un guirigay de músicas latinas, bocinazos y gritos infantiles, estaba en silencio. Iba a la Hispanic Society, uno de mis lugares preferidos. Me quedé plantado en la acera, con nieve hasta los tobillos, y me sentí feliz de que aquella ciudad tremebunda, voraz e hiperactiva estuviera tan quieta y callada como yo, cubierta de blanco e inmóvil en un instante dulce. En ese momento decidí quedarme a vivir en Nueva York, para siempre, pasara lo que pasara.



Enric González. Historias de Nueva York. RBA, 2006.

Blue Horizon

lunes, 28 de noviembre de 2011

Un poema de Karmelo Iribarren


UNA SOMBRA DETRÁS
DE LA CORTINA


Ahí delante,
la A-8
hacia Bilbao.
A dos kilómetros
-una vez pasado
el túnel-,
hay un desvío
a la izquierda.
Lo coges
y -yendo tranquilo,
sin pisarle
demasiado-
en cinco horas y media
puedes ponerte
en Madrid.
Qué alivio a veces
-piensas-,
esa simple certeza,
desde aquí.



Karmelo C. Iribarren. Otra ciudad, otra vida.
Huacanamo. 2011.