miércoles, 9 de noviembre de 2011

martes, 8 de noviembre de 2011

Un poema de Pablo Casares


LA DESPEDIDA


Era un cálido día de septiembre.
Yo me iba por una temporada.
La encontré serena, sentada en su sillón.

Intercambiamos unas palabras,
sin abandonar en ningún momento
la idea de un pronto reencuentro
que ambos intuíamos difícil.
Finalmente nos dimos un abrazo.

De sus pupilas grises
surgió un fuego
que todavía quema.




Pablo Clasares. Quiénes fuimos. Huacanamo, 2011.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Single speed


Ya la he probado por el centro de Alicante.
Simplemente genial.

sábado, 1 de octubre de 2011

Escombros, de Antonio Pérez Morte

Por menos



Ahora que ha pasado media vida
por la mía,
la juventud se queda atrás,
en unos versos cansados de añorarte,
polvorientos,
olvidados de los dos,
de nuestro exceso por todo,
por nada,
por menos.




Con dos cañas
A Jaime Cauhé Bruguera
In memoriam.

Con dos cañas y cola,
papel de seda e hilo de cáñamo,
izaste al aire de la tarde,
el sueño de unos críos asombrados:
Dos hermosas cometas de colores,
elevándose en el cielo limpio
de un verano
que vuelve ahora contigo,
al recordarte.

Con dos cañas y cola,
papel de seda e hilo de cáñamo,
elevaste nuestra emoción a lo más alto,
al cielo en que hoy te busco sin hallarte:
¡Al cielo en que, seguro, has de encontrarte!




Antonio Pérez Morte. Escombros. Origami, 2011.

martes, 20 de septiembre de 2011

Un poema de Roger Wolfe


POÉTICA NEGRA


Una pluma sigue siendo preferible
a tener que desempolvar
la Magnum 44.




Roger Wolfe. 
Días perdidos en los transportes públicos.
Anthropos. 1992.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Pelota Valenciana


 Sé que no es frecuente hablar de deporte en el blog, pero le quiero dedicar un espacio a La Pelota Valenciana, o Pilota Valenciana, poco o nada conocida fuera de la propia comunidad.



Por no soltar un rollo eterno contando todo lo que ya cuenta wikipedia, os dejo con un documental de 15 minutos que lo explica todo muy bien. Es en valenciano, pero creo que no hay problema en entenderlo.



Y otro vídeo, más cortito, sobre un punto dentro de un partido, para hacerse una idea de cómo es el juego, al menos una de sus modalidades.



Primera y segunda imagen,  del blog la pilota.
Tercera imagen, compuesta a partir de imágenes de Frediesport.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Rebuscando en el disco duro


·


No  había viento
por lo que no salieron volando.
Mi hermana y yo las echamos al agua
desde las rocas, con cuidado
para no caer nosotros también.
No sabíamos muy bien qué
estábamos viviendo,
el final de una película
que había empezado
meses atrás,
sin subtítulos,
con una sinopsis
donde no te contaban
casi nada del final
y en la que
no quedaba claro
quién era
el bueno
y quién el malo.




Javier Das. Inédito. 

jueves, 8 de septiembre de 2011

Museo Van Gogh


Hace cinco años visité Amsterdam junto a mi amigo Pablos.
Y desde el museo Van Gogh grabamos este mítico vídeo.

martes, 6 de septiembre de 2011

lunes, 1 de agosto de 2011

Cosas que los nietos deberían saber



Un domingo por la mañana me compré una bici en una tienda de Burbank y estuve un par de horas dando vueltas por la ciudad. Me sentí muy bien, deambulando de aquí para allá sin tener que preocuparme de nada por una vez. Podía ir a cualquier sitio, hacer cualquier cosa: era domingo y no me daba la gana de pensar en lo solitaria y difícil que era mi vida. Pasé al lado de unos cines y decidí entrar en la sala. Até la bici a las barras del aparcamiento y entré en la sala. A las dos horas salí y vi que alguien se había llevado mi bici. La había tenido durante cinco horas exactamente. Me llevó meses ahorrar lo suficiente para poder comprarme otra.



Mark Oliver Everett. Cosas que los nietos deberían saber. Blackie books. 2010.

miércoles, 27 de julio de 2011

Walden.

Exageramos la importancia del trabajo que hacemos y,sin embargo, ¡cuántas cosas dejamos por hacer!

La mayoría de los lujos, y muchas de las llamadas comodidades de la vida, no sólo no son indispensables, sino que resultan verdaderos obstáculos para la elevación de la humanidad.

Cada generación se ríe de la moda antigua, pero sigue religiosamente la nueva.

El objetivo principal no es que la humanidad esté bien y honestamente vestida, sino, indudablemente, que las corporaciones se enriquezcan.

Si se afirma que la civilización es un verdadero avance en la condición del hombre, debe demostrarse que ha producido mejores residencias que no resulten más caras.

El cantero que termina la cornisa del palacio tal vez regrese por la noche a una choza peor que una tienda.

Quiero decir que no deberían jugar a la vida o sólo estudiarla, sino vivirla en serio de principio a fin.

Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme sólo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, y para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida, pues vivir es caro, ni quería practicar la resignación a menos que fuera completamente necesario.




Henry David Thoreau. Walden. Catedra. 2010.

miércoles, 29 de junio de 2011

Una mosca en la sopa - Charles Simic

La última tarde que fui a verla a la calle Doce Oeste, llevaba una botella de vino francés y una lata de paté. Mi padre acababa de darme algo de dinero y estaba muy contento. Pensaba que nos sentaríamos y beberíamos, como siempre. Pondríamos la música muy baja, algún disco de Billie Holiday o de Lester Young. "Blue Lester" o "Lady Be Good", quizá. La noche caería lentamente y ella encendería las luces. Cambiaría el disco y elegiría canciones todavía más tristes. Escucharíamos "Moanin' Low" y "Mean to Me" y se haría de noche. Me acercaría a ella y hundiría mi cabeza entre sus piernas. O esperaría a que la oscuridad fuera total y le diría que la quería. Me sentía temerario, ebrio de confianza.
La puerta del portal estaba abierta, y subí los escalones de dos en dos hasta llegar a su casa y llamé. Como no contestaba, aporreé la puerta con el puño. Por fin oí unos pasos pesados, se abrió la puerta y apareció un hombre que al parecer acababa de despertarse. Era de mi edad. Hasta se parecía a mí. Recuerdo que llevaba la camiseta empapada en sudor. Se quedó allí, esperando que yo dijera algo y yo farfullé una disculpa y bajé las escaleras a toda prisa.
Nunca regresé, y no fue por falta de ganas. No sé quién era esa mujer y tampoco el hombre que me abrió la puerta. Busqué su nombre en revistas literarias durante años, pero nunca lo encontré. Hace poco pensé en ella, cuando pasaba por la calle Doce Oeste. Recordé que todavía conservo parte de uno de sus poemas. Está escrito en una hoja con el membrete del Hotel Drake, de Chicago, y tan sólo consta de ocho versos.




Charles Simic. Una mosca en la sopa. Vaso Roto Ediciones. 2010.

miércoles, 15 de junio de 2011

El frío, de Thomas Bernhard

Sentía verguenza de haber venido aquí, a una asistencia ordenada. De haber salido del caos de una familia desamparada, ya casi totalmente destruida, para ser cuidado. Aquí, de repente, me daban comidas a horas exactamente establecidas, me dejaban en paz en fin de cuentas y, por una vez, podía realmente dormir a gusto, lo que en casa no me había sido posible ya desde hacía semanas, ninguno de nosotros había podido dormir ya, todo se había concentrado en nuestra madre, enferma de muerte, a la que había que atender ininterrumpidamente desde el punto de vista médico. El marido de mi madre, mi tutor, y mi abuela se habían sacrificado en el verdadero sentido de la palabra y, de forma totalmente abnegada, se habían hecho cargo de todo lo que, de otro modo, sólo puede hacerse en una clínica, por ejemplo, administrar inyecciones a cada hora, día y noche, durante meses, y en definitiva durante mucho más de un año, y todo lo demás que sólo puede saber, comprender y apreciar quien lo ha hecho o lo ha visto de cerca con sus propios ojos. Con qué ligereza formulan sus juicios los que nunca se han visto en una situación así, y no saben nada del sufrimiento.


Thomas Bernhard. El frío. Anagrama, 1996.

lunes, 6 de junio de 2011

Asco, de José Ángel Barrueco

 
Si piensas en un crucero no te viene a la cabeza cultura, cine o literatura. Sería más correcto decir que las imágenes que se forman en casi cualquier cabeza son mojitos, fiesta, sol, piscina y sombreros de paja. O algo parecido. Por eso, yo no habría llevado a Jab de crucero. No si pretendía que se convirtiese en el alma del barco, en el gran contador de chistes, en el tipo más moreno o el que más baila. Jab no es así. Y por eso este libro gana en cada página. Porque es su capacidad de observación la que le acompaña todo el tiempo. Esa que le permite criticar a los que sólo comen porque es gratis o al fulano que cuando habla se le olvida que hay más opciones que gritar. Pero no queda todo ahí. Este libro también va de amor y de familia, del mar y los barcos, de viajes, de disfrutar pequeños momentos y de compartir tantos otros, de vida. Y de libros, este libro también va de libros. Así que la mezcla provoca que durante más de 170 páginas te quedes enganchado a él. Así de simple.



Al salir del camarote y juntarme con el personal me dio un poco de vergüenza. Resaltaba, y a mí no me gusta resaltar. Se percibía que por allí deambulaba un tío distinto, uno que pasaba de protocolos y de hostias. Yo era el negro en una cena de blancos, el chino en un barrio de árabes, el raro, el diferente. Supuse que sería blanco de miradas y de apodos y que tal vez alguien me llamaría a mi El Friki en presencia de sus amigotes. Incluso los niños (y hasta los bebés) iban más arreglados y mejor vestidos que yo.




José Ángel Barrueco. Asco. Editorial Eutelequia. 2011.