
- Vaya adelantamiento. Pues sí que hace calor. Hay que ver cómo está el tráfico. Por cierto, ¿es usted iraní?
- No señor, es que soy moreno.
- No crea que a mí me importa.
- No veo por qué iba a importarle.
- Quiero decir que no creo que uno por ser negro...
- Oiga, yo no soy negro, no soy iraní, sólo estoy moreno.
- No se preocupe, yo sé que hay negros buenos y malos, como hay blancos buenos y malos.
- ¿Usted es indio...?
- ¿Qué?
- Digo que si es usted indio. Indio americano, me refiero. De esos que tiran flechas.
- Oiga, no tiene por qué enfadarse.
- No me enfado, es que me parece usted indio. Me parece que tiene una cara de indio tremenda.
- Bueno, será mejor que lo dejemos.
- No, si a mí no me importa. Hasta me gustan los indios. Yo ser amigo de indio. Buen amigo. No tener miedo.
- Siento haberle ofendido. Es que me parecía usted iraní.
- Pues a mí me parece usted un indio.
- Está bien, déjeme aquí mismo.
- Adiós, que tu corazón galope feliz como un potro en la pradera.
Ray Loriga. Días extraños. Ediciones Detursa. 1994.







