lunes, 22 de noviembre de 2010

En el Montcabrer

Menudo viento y frío que hacía. En la cima, detrás nuestra, para ponerme de pie me tuve que sujetar a un poste que hay, ya que el viento era capaz de tirarme, y la altura era como para hacerse mucho daño.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Gsús Bonilla en El Sillón Voltaire


Escúchalo aquí.

Días prestados


Este fin de semana mi madre ha venido a visitarme a Alicante. Y aprovechando la ocasión le encargué que me trajera el libro Días prestados de Pablo Casares. Hace un rato que lo he acabado. Pablo tiene una forma de ver el mundo que le rodea con la que me siento muy identificado. Porque desde sus poemas puedes hacer eso, observar. Y sentir como un momento cotidiano hoy se ha convertido en un instante lleno de magia.


ANIVERSARIO


Era una perfecta noche de verano
cuando salieron de un lujoso restaurante.
Celebraban treinta y siete años de matrimonio.
Caminaron sin rumbo por una larga avenida,
con la serenidad de aquellos que saben
que ya nunca más serán jóvenes.

Se cogieron fuertemente de la mano,
como si fueran a saltar de un avión.



LA TURISTA


Era la hora del almuerzo
y la cafetería estaba repleta.

Entre las cortinas de visillo
de la entrada
el sol irrumpió junto a ella
y traspasó su vestido de gasa azul.

Se hizo el silencio.

El inicio de la primavera
nos cogió a todos por sorpresa.



Pablo Casares. Días prestados. Baile del Sol. 2009.

#1

Hace frío. Pongo la calefacción sólo un rato para que luego la factura no nos deje temblando. Un té con limón ayuda a entrar en calor. Lea maulla, creo que tiene hambre. Yo también. Es bueno saber que estás en el lugar donde quieres estar.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Joana, de Joan Margarit


Joana murió con treinta años. Joan Margarit le dedica este libro, centrado en sus últimos ocho meses. Copio el prólogo porque me ha parecido de una belleza increíble, y a continuación un poema que me pone los pelos de punta.


PRÓLOGO


De lo que siento acerca del mañana, lo más parecido a una certeza es que Joana y yo no volveremos a vernos. Cuán distinta sería la vida si la muerte fuese a esperar muchos millones de años para podernos encontrar de nuevo, aunque fuese tan sólo durante unos breves instantes. Pero el abismo que nos separa es el abismo del nunca más. Los treinta años que hemos vivido juntos son ahora el único contrapeso y mi tesoro. Fue desde muy temprano una persona muy especial: por una parte –a causa de sus minusvalías, que le dejaban el amor como única herramienta para sobrevivir- era incapaz de rencor, de orgullo, de cualquiera de las más ínfimas señales de la maldad. Por otra parte, la pasión por la vida y su sensibilidad le permitían entender y utilizar todas las conexiones sentimentales con las personas. Ser su padre ha significado estar siempre junto a lo más delicado y bondadoso que puede ofrecer la vida. Esto no quiere decir que haya sido un tiempo sin dificultades, sufrimiento y ráfagas de desesperación, sobre todo hasta que la salud encontró el punto de equilibrio necesario dentro de sus déficits. No hay nada comparable a poder cuidar de una persona a la que se ama, pero es difícil encontrar a alguien como Joana con quien establecer unas relaciones a la vez de alegría y una ternura tan profundas que, al cabo de los años, ya no se sepa quién cuida a quién. El sentimiento que ahora me domina es el desamparo.

El mundo sin Joana se parece al que vivimos juntos, pero no es el mismo. Unas mínimas diferencias me ponen de manifiesto que las personas, los lugares, las cosas, no son las familiares. Me enfrento, pues, al terror más puro, cuando las cosas cotidianas no se reconocen y se vuelven amenazadoras. Por eso a veces lloramos, Mariona y yo, perdidos en el extraño paraje en el que nos ha abandonado la muerte de nuestra hija. El cuervo de Poe ya no dejará de repetir dentro de mí su eco Nevermore.

A Joana le gustaba escucharme recitar sus poemas, los que durante estos años fui escribiendo para hablar de ella. Ahora le ofrezco este libro, que es, también, suyo, pero que nunca me oirá recitar. Son los poemas escritos durante sus ocho últimos meses. Necesito cerrar este tiempo para volver a encontrar, si es posible, la Joana de antes. Mientras se iba muriendo nos decía: Soy feliz. Y desde la muerte continúa haciéndonos sentir su consuelo.

Sant Just Desvern, septiembre del 2001.



NO HAY MILAGROS


Llovía con desidia.
Diecinueve de octubre, las nueve de la noche.
Joana iba asustada hacia el quirófano
rodeada por nosotros, que quedamos
en la salita mal iluminada junto a los ascensores.
Dicen que en un intento
de salvarse le dijo te quiero al cirujano.
Creíamos que un hada podría devolvernos
la Joana tranquila, la de siempre,
con sus confiados ojos centelleantes.
A las once mirábamos
las gotas de la lluvia en el cristal
como si resbalaran por la noche.
La noche era una hora de guadaña.




Joan Margarit. Llegas tarde a tu tiempo. Poesía 1999-2002.
Visor de poesía. 2010.