jueves, 18 de noviembre de 2010

Gsús Bonilla en El Sillón Voltaire


Escúchalo aquí.

Días prestados


Este fin de semana mi madre ha venido a visitarme a Alicante. Y aprovechando la ocasión le encargué que me trajera el libro Días prestados de Pablo Casares. Hace un rato que lo he acabado. Pablo tiene una forma de ver el mundo que le rodea con la que me siento muy identificado. Porque desde sus poemas puedes hacer eso, observar. Y sentir como un momento cotidiano hoy se ha convertido en un instante lleno de magia.


ANIVERSARIO


Era una perfecta noche de verano
cuando salieron de un lujoso restaurante.
Celebraban treinta y siete años de matrimonio.
Caminaron sin rumbo por una larga avenida,
con la serenidad de aquellos que saben
que ya nunca más serán jóvenes.

Se cogieron fuertemente de la mano,
como si fueran a saltar de un avión.



LA TURISTA


Era la hora del almuerzo
y la cafetería estaba repleta.

Entre las cortinas de visillo
de la entrada
el sol irrumpió junto a ella
y traspasó su vestido de gasa azul.

Se hizo el silencio.

El inicio de la primavera
nos cogió a todos por sorpresa.



Pablo Casares. Días prestados. Baile del Sol. 2009.

#1

Hace frío. Pongo la calefacción sólo un rato para que luego la factura no nos deje temblando. Un té con limón ayuda a entrar en calor. Lea maulla, creo que tiene hambre. Yo también. Es bueno saber que estás en el lugar donde quieres estar.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Joana, de Joan Margarit


Joana murió con treinta años. Joan Margarit le dedica este libro, centrado en sus últimos ocho meses. Copio el prólogo porque me ha parecido de una belleza increíble, y a continuación un poema que me pone los pelos de punta.


PRÓLOGO


De lo que siento acerca del mañana, lo más parecido a una certeza es que Joana y yo no volveremos a vernos. Cuán distinta sería la vida si la muerte fuese a esperar muchos millones de años para podernos encontrar de nuevo, aunque fuese tan sólo durante unos breves instantes. Pero el abismo que nos separa es el abismo del nunca más. Los treinta años que hemos vivido juntos son ahora el único contrapeso y mi tesoro. Fue desde muy temprano una persona muy especial: por una parte –a causa de sus minusvalías, que le dejaban el amor como única herramienta para sobrevivir- era incapaz de rencor, de orgullo, de cualquiera de las más ínfimas señales de la maldad. Por otra parte, la pasión por la vida y su sensibilidad le permitían entender y utilizar todas las conexiones sentimentales con las personas. Ser su padre ha significado estar siempre junto a lo más delicado y bondadoso que puede ofrecer la vida. Esto no quiere decir que haya sido un tiempo sin dificultades, sufrimiento y ráfagas de desesperación, sobre todo hasta que la salud encontró el punto de equilibrio necesario dentro de sus déficits. No hay nada comparable a poder cuidar de una persona a la que se ama, pero es difícil encontrar a alguien como Joana con quien establecer unas relaciones a la vez de alegría y una ternura tan profundas que, al cabo de los años, ya no se sepa quién cuida a quién. El sentimiento que ahora me domina es el desamparo.

El mundo sin Joana se parece al que vivimos juntos, pero no es el mismo. Unas mínimas diferencias me ponen de manifiesto que las personas, los lugares, las cosas, no son las familiares. Me enfrento, pues, al terror más puro, cuando las cosas cotidianas no se reconocen y se vuelven amenazadoras. Por eso a veces lloramos, Mariona y yo, perdidos en el extraño paraje en el que nos ha abandonado la muerte de nuestra hija. El cuervo de Poe ya no dejará de repetir dentro de mí su eco Nevermore.

A Joana le gustaba escucharme recitar sus poemas, los que durante estos años fui escribiendo para hablar de ella. Ahora le ofrezco este libro, que es, también, suyo, pero que nunca me oirá recitar. Son los poemas escritos durante sus ocho últimos meses. Necesito cerrar este tiempo para volver a encontrar, si es posible, la Joana de antes. Mientras se iba muriendo nos decía: Soy feliz. Y desde la muerte continúa haciéndonos sentir su consuelo.

Sant Just Desvern, septiembre del 2001.



NO HAY MILAGROS


Llovía con desidia.
Diecinueve de octubre, las nueve de la noche.
Joana iba asustada hacia el quirófano
rodeada por nosotros, que quedamos
en la salita mal iluminada junto a los ascensores.
Dicen que en un intento
de salvarse le dijo te quiero al cirujano.
Creíamos que un hada podría devolvernos
la Joana tranquila, la de siempre,
con sus confiados ojos centelleantes.
A las once mirábamos
las gotas de la lluvia en el cristal
como si resbalaran por la noche.
La noche era una hora de guadaña.




Joan Margarit. Llegas tarde a tu tiempo. Poesía 1999-2002.
Visor de poesía. 2010.

martes, 16 de noviembre de 2010

Un poema de Alberto García-Teresa


AMARGO SABOR EL que queda en la boca
cuando rasgas el sobre de la nómina.

Amargo el poso que se mantiene
mientras oyes discursos de tus jefes.

Amarga la mirada
que se queda en tu silla, en tu mesa, anclada.

Amargo el deseo
de intentar comprender este absurdo acuerdo
por el que renuncias a la vida
para poder tratar de seguir viviendo.




Alberto García-Teresa. El tejedor en... Madrid.
La única puerta a la izquierda. 2010.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Muerte de un "don nadie"


Luis Ramiro Álvarez descubrió hace pocos días que su padre había fallecido. Para no contar nada más dejó a continuación la carta que envió al diario ABC y el enlace a la noticia de El País que me ha remitido un amigo por email.

Desde aquí mi más sincero pésame a Luis. No quiero imaginar el cuerpo que se le quedó.



"El 22 de Junio de 2010, falleció como tantas otras veces un indigente y un mes más tarde fue enterrado en el Cementerio Sur de Madrid, en la zona destinada a los llamados entierros de “Caridad”. Un “don nadie” para la sociedad. Una de esas personas a las que la vida lo hizo apartarse de su familia y comenzar un camino solo, a merced de la calle. Esa persona era mi padre, y hasta hace 2 días ninguno de sus familiares, ya fueran hermanos o hijos tuvimos noticia de tan triste acontecimiento.


No es el hecho de que falleciera con 60 años, dado que las personas en dicha situación se exponen a situaciones y comportamientos que les acercan a tan fatídico destino. Lo que nos llena de indignación a los familiares es que el descubrimiento del fallecimiento se llevo a cabo a través de ese medio de comunicación global llamado Internet, y no precisamente porque alguien de la administración se pusiera en contacto con alguno de nosotros. Porque fue hace 2 días cuando poniendo el nombre de mi padre en “google” a la espera de encontrar algún indicio de su vida, encontré precisamente lo contrario. Una reseña en la lista de fallecidos de un conocido diario de este país. Un nombre con un (0) en lugar de su edad. ¿Sería el en realidad? Con este simple dato en mis manos me puse a mirar más páginas, y finalmente halle el lugar en donde había sido enterrada dicha persona en una página web de esquelas que además ofrece servicios funerarios.


Fue la visita al cementerio, la que acabo por desvelar la identidad de la persona y el lugar donde se constato su fallecimiento. En este caso ocurrió en la clínica de la Fundación Jiménez Díaz, y al visitarla en busca del historial clínico del fallecido, nos encontramos con que allí poseían no solo su fecha de nacimiento, sino incluso su nº de DNI, datos en mi opinión suficientes para poder haberse puesto en contacto con alguno de sus familiares en el momento de su defunción.


Sin más, y para no excederme de las 30 líneas, quisiera que constara mi indignación ante este hecho que deja por los suelos la dignidad a la que todos tenemos derecho. No poseo el conocimiento de si este es el “modus operandi” en todos los fallecimientos de indigentes, pero lo que sí puedo saber es que mi padre mereció al menos un mínimo reconocimiento, ya no en vida, la cual eligió y no quiso ayuda de ningún tipo, pero por lo menos en su muerte por parte de sus familiares.


Su nombre fue Ramiro Álvarez Fidalgo, madrileño de nacimiento. Vivió en la calle durante más de 10 años como un desconocido, y fue enterrado de igual manera, solo. Solamente decir que hay quienes no le olvidamos, a pesar de que por lo visto se ponen medios para que esto ocurra."




miércoles, 10 de noviembre de 2010

Cordillera Ibérica



José Manuel Montorio Gonzalvo.
Cordillera Ibérica. Recuerdos y olvidos de un guerrillero.
Gobierno de Aragón. 2007.