miércoles, 29 de septiembre de 2010
Compañeros

Piotr, Lenon, Roman Karawacki, Pedro Leite, Valladares, Lukasz Dziubka,
Tafula, Darius, Andriez Kazanowski y Wieslaw Dziubka.
Fotografía tomada de El País
martes, 28 de septiembre de 2010
Un poema de Vicente Llorente

COTIDIANA MENTE
En estos días extraños de invierno
con nieve en Alicante y frío en los huesos
no es mala idea entrar en un bar
-a ser posible, modesto y de madera-
con un rincón tranquilo
y ventana cerca
donde adivinar las calles y su brillo
como peces dando vueltas por el desagüe.
Pensar en el bueno de Sabines
o en el amigo Wolfe
con una cerveza de la marca que sea
-ya a estas alturas- y en el primer trago
descubrir que el techo también es de madera
y flota el polvo y el humo crece
porque aquí, por supuesto, se puede fumar
entre las mesas con vasos marcando territorio.
Y uno dice
ahora, quiero un cortado
y ese deseo te lo cumple
un hombre enjuto y malcarado
con eficiencia y parsimonia.
Es lógico.
Es todo tan simple que asusta.
Para este miedo
se inventaron las tareas.
La mía es estar
por ejemplo aquí,
sencillamente en paz con la vida,
conversando con Jaime o Roger
mientras en el cenicero
sigue la orgía.
La cópula de colillas retorcidas.
Extraído de su blog Silente
viernes, 24 de septiembre de 2010
Una muy grata sorpresa

Desde aquí quiero agradecer a Karmelo Iribarren por dedicarme un poema tan bueno y con tanta fuerza como el que sigue. Ayer, José Ángel Barrueco me dijo que hoy me daría una sorpresa y no ha podido ser mejor.
No he dejado de buscar
..............................Para Javier Das
Me eché
a andar por la vía.
Un hombre
me llamó la atención.
Le dije
que buscaba a mi padre
(se había muerto,
pero a mí
me daba igual).
Hace cuarenta años de aquello.
No he dejado de buscar.
Karmelo C. Iribarren (Inédito)
jueves, 23 de septiembre de 2010
Jesus etc
Y es que no puedo dejar de escuchar a Wilco. Es un grupo que me ha entrado poco a poco. Hace ya unos siete años, en un concierto de Quique González, me acerqué a él para darle unos poemas y me dijo que me parecía a Jeff Tweedy, cantante de Wico. Yo por aquella época no los escuchaba, y fue desde ese momento cuando me interesé por ellos. Ahora son unos de mis grupos preferidos, y ya digo, llevo unas semanas que no paro, literalmente, de escucharlos.
Wilco Club (en español)
José Angel Barrueco de vuelta en un periódico

Zamora está de estreno. Y es que hoy se inaugura un nuevo periódico: El Adelanto de Zamora. Y por suerte mi colega José Ángel Barrueco vuelve a colaborar en prensa. Así que a partir de ahora le podremos leer los miércoles y los jueves con su ya clásica sección Escrito en el viento. Aquí os dejo con el primer artículo:
Esa ciudad que es mi origen
Hay algo muy placentero en formar parte de un proyecto nuevo. Algo difícil de definir, enigmático: a la suma de la emoción que nos acarrea todo cuanto nace debemos incorporar los vértigos propios del riesgo, el miedo a que esa criatura que ha nacido pueda expirar tarde o temprano. Podría decirse que dicho asunto, y no otra cosa, es el resumen de la vida, tal vez su sentido. Sin la amenaza del riesgo, sin la incertidumbre del azar, nuestra existencia sería demasiado aburrida, como la de los inmortales de la ficción. Lo interesante es mantener el equilibrio de esas emociones para no volvernos locos. Me embarco en este diario con el júbilo de quienes se adentran en la espesura de las tierras vírgenes, sin saber qué les deparará el próximo amanecer. Con este proyecto se abre una senda insólita en mi ciudad. Y esperemos que perdure.
Hablando de ciudades… En los últimos meses he leído con frecuencia a Thomas Bernhard, autor al que llego tarde aunque en el fondo no importe: cada lectura tiene su momento; si lo hubiera leído quince o veinte años atrás quizá lo hubiera detestado. Escribió Bernhard, en uno de sus relatos autobiográficos, esta frase que hoy, aquí, hago mía: “Porque todo lo que hay en mí está a merced de esa ciudad que es mi origen”. No requiere ninguna explicación. Pero voy a darla: Bernhard pensaba que, ames u odies tu ciudad natal, no puedes sustraerte a su influencia, a su contexto, a su sentido. La ciudad como patria y como germen de lo que somos. Uno se debe a su ciudad porque casi todo lo que uno es deriva de ella, le debe su formación, sus orígenes, las calles que paseó y las tabernas que pudo frecuentar y las personas del entorno: amigos, familiares y conocidos. Esa ciudad es Zamora, en mi caso. El lugar donde están mis orígenes. Que viva lejos no significa que la haya olvidado. Que mi nombre apenas se asociara a esta provincia desde hace un año casi exacto no significa nada: sigo pendiente de lo que ocurre, sigo vigilando, quizá menos de lo que debiera; y la visito una o dos veces al mes. Entro en la ciudad con el crepúsculo y me dedico a observar, a recorrer sus aceras limpias. Volver a mi lugar de origen en este vehículo apasionante que es la prensa supone para mí una especie de fiesta, un regocijo.
Desde la distancia, junto a otros camaradas zamoranos que emigraron por diversos motivos, observo el modo en que Zamora florece, aunque sea despacio, aunque sea mediante pasos cortos. Florece despacio y con firmeza. Que nazca un periódico en estos tiempos convulsos, de crisis económica y de crisis anímica, de revoluciones tecnológicas que nos sitúan ante un futuro demasiado incierto y demasiado insondable, es sólo una prueba de ello: la ciudad, pese a los golpes que recibe, avanza. Vuelvo un año después con mi sección. Un año más viejo, más veterano y con varias lecciones aprendidas y numerosos palos en la espalda, que me han dejado la memoria mancillada de verdugones y un currículum vital con más cicatrices. No importa. Lo que importa es la resistencia. La lucha. Como dijo Indiana Jones para escarnio de sus enemigos: “Soy como un penique falso: siempre reaparezco”. Reaparezco, por tanto, en las páginas de opinión de este periódico, y lo haré dos veces por semana: los miércoles y los jueves. Esa, de momento, será la periodicidad de mis colaboraciones. Y ya estoy deseando hacer algo que, en la distancia, aún no puedo hacer: abrir este periódico y notar el crujido de sus páginas entre los dedos y el aroma de las hojas en la nariz. Aunque la revolución tecnológica traiga cambios, no deberíamos olvidarnos de la prensa de papel.
viernes, 17 de septiembre de 2010
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