miércoles, 13 de enero de 2010
Mañana, en Madrid..
martes, 12 de enero de 2010
Un poema de David González

CORAZÓN
Si te acostumbras
como yo
a soñar solo
y a despertar solo
en el lado izquierdo
de tu lecho conyugal,
el lado del corazón,
has de entender
metértelo bien en la cabeza
que un día cualquiera
el menos pensado
ese corazón tuyo
del lado del cuál duermes
se transformará
al tacto
en la sábana
de otro extremo
de tu lecho conyugal:
una sábana fría
en la que no duerme nadie
ni siquiera tú.
David González. LOSER. Bartleby Editores. 2009.
El regalo de Ana
VEINTE DE NOVIEMBRE
Te fuiste a morir en la misma fecha
que aquel que te había jodido la vida;
nada personal por su parte:
te la jodió a ti como a tantos otros.
En el momento me pareció una coincidencia
con más mala leche que otra cosa:
una ironía fúnebre,
una carcajada de la calavera.
Pero luego pensé que tú reirías la última,
que noviembre sería el mes de las madres
que guardan la ternura y la dignidad
en un cofre rodeado de pinos y regatos;
no el mes de los que se van entre tubos,
ajenos a la muerte como estuvieron ajenos a la vida,
y que yacen incorruptos admirando
la solidez del mármol.
Una última cosa, madre:
sé por ti que hay ideas que atentan contra el corazón.
Dicho de otro modo:
tener corazón no permite tener ciertas ideas.
Y ninguna otra vida
ninguna otra muerte
me convencerá de lo contrario.
Poema de Ana Pérez Cañamares, protagonizado y recitado por ella.
Video de Patty de Frutos.
Video de Patty de Frutos.
sábado, 9 de enero de 2010
Un poema de Kirmen Uribe

VISITA
La heroína es tan dulce como hacer el amor,
decía ella en otro tiempo.
Los médicos dicen que no ha ido a peor,
día va y día viene, y que nos lo tomemos con calma.
Hace un mes que no ha vuelto a despertar,
desde la última operación.
Y sin embargo seguimos visitándola todos los días
en el sexto box de la unidad de cuidados intensivos.
Al entrar, el enfermo de la cama de enfrente lloraba,
no ha venido nadie a visitarme, le decía a la enfermera.
Hace un mes que no oímos la voz de mi hermana.
No veo como antes toda la vida por delante,
nos decía,
no quiero promesas, no quiero disculpas,
tan sólo un gesto de amor.
Ahora sólo le hablamos mi madre y yo.
Mi hermano, antes, no decía gran cosa;
ahora ni siquiera viene.
Mi padre se queda en la puerta, callado.
No duermo por las noches, nos decía mi hermana,
tengo miedo a dormirme, miedo a las pesadillas.
Las agujas me hacen daño y tengo frío,
el suero me enfría las venas.
Si pudiera huir de este cuerpo podrido.
Mientras tanto dame la mano, decía,
no quiero promesas, no quiero disculpas,
tan sólo un gesto de amor.
Kirmen Uribe. Mientras tanto cógeme la mano. Visor Libros. 2008.
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