lunes, 31 de agosto de 2009

Un poema de Karmelo Iribarren


UNA MAÑANA DE INVIERNO


Apenas tengo recuerdos
con mi padre,
pero hay uno que perdura:

es una mañana de invierno,
me lleva sobre los hombros,
entramos en el bar
del barrio
y me deja en el suelo,
tambaleándome aún.

Y allí,
en aquel pequeño reino
de huesos de aceitunas
servilletas y rodajas
de limón,
a pocos metros,
entre los pies de un gigantón
con sombrero
y gabardina,

la veo
-y cómo brilla-

mi primera chapa de KAS.




Karmelo C. Iribarren. La ciudad. Editorial Renacimiento. 2002.

Entrevista a David González en Lamás Médula


Ana Patricia Moya Rodríguez entrevista a David González para la revista Lamás Médula.
Es una entrevista extensa y muy interesante, donde David dice cosas que hay que tener en cuenta a la hora de comprender la poesía que está intentando abrirse un hueco en estos días.
Después de la entrevista, el Kebran habla sobre la poesía de David y destaca un buen número de poemas de sus libros.
Muy interesante.


http://www.revistalamasmedula.com.ar/nro3/esp_cordoba.htm

domingo, 30 de agosto de 2009

Un poema de Gustavo Caso Rosendi


TRINCHERA

Comenzamos cavando como si
fuera nuestra propia tumba
Pero cuando el cielo escupía fuego
nos dábamos cuenta
que era un buen hogar
después de todo





Gustavo Caso Rosendi. Soldados. Poemario inédito.

domingo, 23 de agosto de 2009

Un poema de David González


SILVIA LA DEL PELO ROJO



Si te he de ser sincero
quedé con ella
con la sana intención
de llevarla en el coche
a un descampado
a echarle un polvo.

La encontré rara,
no sé,
no tenía chispa en los ojos,
estaba despeinada

¿Cómo es que te dio por llamarme?

y el jersey,
el jersey azul cielo,
lo tenía todo lleno
de quemaduras de cigarrillos,

No sé, tenía ganas de verte.

y estaba en los puros huesos.
Daba pena verla, y sin embargo,
ya ves, no sé, era
la misma tía con la que años atrás
iba por la calle gritando
sexo, drogas y guns n´roses
sexo, drogas y guns n´roses.

¿Sabes algo de Santi y de Flor?,
le pregunté mientras conducía.

Santi le ponía los cuernos a Flor
sin parar. Flor había tenido otro
hijo.

¿Y qué es de Carmen?

Carmen estaba de puta
en una barra americana.

¿Y de Juanjo?

¿No te enteraste?

¿De qué?

La palmó.
Una sobredosis.
El día de Nochebuena.

Y tú, ¿qué tal?
No sé quien me dijo
que te habías separado,
¿es verdad?

Sí.

¿Por qué? ¿Qué te pasó?

A mí nada. A él,
que era un hijoputa,
y un cerdo.

¿Qué te hacía?

De todo.
Me pegaba.
Se metía caballo
y luego llegaba a casa
y me pegaba,
me daba unas palizas de muerte,
y me forzaba sexualmente.

Lo dijo así. No dijo
me violaba
o me follaba a la fuerza. No.
Lo dijo así:

me forzaba sexualmente.

¡No me jodas!

Sí,
y hasta tuve que abortar.

¿No podías tener el hijo o qué?

Fue mi madre. No quiso
que lo tuviera. No quiso
que tuviera
un hijo
de ese hijo
de puta.

Di una vuelta a la ciudad,
y luego la llevé otra vez a casa.
Me sentía raro, mal,
¿sabes lo que te digo, no?,
como si fuera culpa mía
que le hubiera pasado todo eso.

Un día de estos te vuelvo a llamar.

No dijo nada.

Pero al levantarse
para salir del coche
se le subió un poco el jersey
y le dejó un trozo de espalda
al descubierto.
Ahí estaban las marcas.
Los renegrones.
Las cicatrices.

La historia
que me acababa de contar.




David González. El amor ya no es contemporáneo. Ediciones de Baile del Sol. 2005.

sábado, 22 de agosto de 2009

...algo nuevo...


Lo peor
que te puede pasar
el día que te mudas,
que cambias de ciudad,
que estás nervioso,
a punto de llorar

es que algo provoque
que tus nervios estallen.

Y eso se consigue cuando,
tras bajar todos tus bultos
y haber cargado las primeras cajas en el coche,
te das cuenta
de que la llave del portal
está en tu apartamento,
en el salón,
en la mesa,
junto con el resto de llaves,
las dejaste ahí
para el nuevo inquilino.

Son las 7 de la mañana,
estás en la calle,
solo,
y una puerta te separa
del resto de tus cosas.

Y tras solventar el problema,
-una vecina salió a los pocos minutos-
emprender el viaje
y parar a comprobar
la presión de las ruedas,
ves que dos tapacubos
te tapan las válvulas del aire
y acabas arrancando uno
de puro nervio.
Y por si fuera poco,
el hinchador de la gasolinera
no funciona bien,
no engancha en las ruedas
y tienes que parar otra vez
para volver a comprobarlas,

las habías hinchado
demasiado.

Cuando comienzas
un viaje así
sólo piensas en que acabarás
teniendo un accidente.

No paras de llorar,
las lagrimas literalmente
no te dejan ver bien la carretera
y, curiosamente,
la persona a la que llamas para calmarte,
la persona que te habla,
te consuela,
te dice que no llores,

la persona
que se preocupa por ti,

es tu ex pareja,
con la que has pasado dos años,
con la que has vivido hasta hace dos días,
la que se fue dos días antes que tú,
sin la que,
ahora,
tienes que plantearte
empezar
de nuevo.






P.D: sé que he estado mucho tiempo con el blog casi completamente abandonado, pero es que he necesitado un tiempo desconectado de todo lo relativo con la poesía. Este año ha sido muy bueno y ha habido muchos proyectos y cosas para hacer. Pero al mismo tiempo me noté muy cansado al principio de verano y me dediqué a otras cosas. Ahora poco a poco volveré, al menos noto que vuelvo a tener cosas que quiero contar.

lunes, 10 de agosto de 2009

Everett Ruess


“En lo que respecta a mi regreso a la civilización, no creo que se produzca pronto. Todavía no me he cansado de los espacios salvajes; al contrario cada vez estoy más entusiasmado con su belleza y la vida de vagabundo que llevo. Prefiero una silla de montar antes que un tranvía, el cielo estrellado antes que un techo, la senda oscura y difícil que conduce a lo desconocido antes que una carretera de asfalto, y la profunda paz de la naturaleza antes que el descontento de las ciudades. ¿Me culpas de que siga aquí, en el lugar al que siento que pertenezco y donde yo y el mundo que me rodea somos uno? Es cierto que añoro la compañía inteligente, pero hay tan pocas personas con quienes compartir las cosas que tanto significan para mí que e aprendido a contenerme. Me basta con estar rodeado de belleza [...].
Incluso por lo que deduzco de tus breves comentarios, sé que no podría soportar ni la rutina ni el ajetreo de la vida que estas obligado a llevar. Creo que nunca podré echar raíces. A estas alturas he buceado tanto en las profundidades de la vida, que preferiría cualquier cosa antes que tener que conformarme con una existencia sin emociones.“



(Pasaje de la última carta que Everett Ruess envió a su hernano Waldo, fechada el 11 de Noviembre de 1934).