lunes, 11 de mayo de 2009

José María, el Tempranillo


Nació en una pedanía de Lucena llamada Jauja en la provincia de Córdoba. Era hijo de Juan y María, los cuales eran jornaleros, al igual que sus abuelos. José no tuvo estudios y desde muy niño tuvo que trabajar como jornalero junto a sus padres y al servicio de un señorito de la zona.

Con tan solo 15 años empieza su vida como bandolero. La causa de tal modo de vida se encuentra en el día 29 de septiembre de 1820 en la romería de San Miguel en donde mató a un hombre. Hay tres hipotesis sobre el crimen que cometió; la primera es la de que José venga la muerte de su padre; la segunda vengando la violación de su madre ya viuda; y la tercera, la más convincente, es de la de José enamorado de Clara, una niña de Jauja. Al final de la romería hay un baile en donde un hombre adulto importuna a Clara, José se enfrenta al hombre y se bate en duelo de navajas, saliendo José victorioso al triunfar su navaja y asesinar a su contrincante. El hecho se sabe y debe huir, ya que la pena impuesta para este delito es la de la muerte en la horca. Cogió el primer caballo que vio y se lanzó a los montes de Sierra Morena para sobrevivir.

En su primeros años como bandolero se dedicó al contrabando y se incorporó a la banda de los Siete niños de Écija, los cuales se ganaban la vida robando a todos aquellos que se encontraban por la sierra. Aquí fue donde le apodaron "el Tempranillo", tal vez por lo pronto que tuvo que huir de la justicia. En esta banda se encontraba José Ulloa, "el Tragabuches", el cual era bandolero a causa de matar a su mujer y al amante de ésta. A pesar de estar durante unos dos años con esta banda, donde aprendió bastante, José era más inteligente y astuto como para servir a una banda y, con 18 años, creó la suya propia. Se especializó en asaltos a carruajes y diligencias, sobre todo de la Hacienda del Reino. El rey Fernando VII no sabía cómo parar estas grandes oleadas de bandoleros que se estaban produciendo en el sur de España y mandó grandes batallones especializados de soldados, llamados migueletes.

En 1825 con 20 años ya le seguían 14 hombres, todos mayores que él. Cualquiera que pasara por Sierra Morena tenía que vérselas con él y su banda. Sin embargo, se le conocía como "el bandido bueno", ya que era capaz de repartir más dinero a sus compañeros que a él mismo y si un pueblo estaba en situación precaria, él daba grandes dineros a cambio de refugio. En otras ocasiones ayudaba a gente pobre, como a un arriero que llevaba a un burro moribundo, ya que era lo único que poseía para trabajar y mantener a su numerosa familia. "El Tempranillo" le propuso que comprara la mula del herrero de la zona por 1.500 reales que él mismo le daba. El arriero compró la mula, y unos bandoleros fueron al día siguiente a pedir al herrero los 1.500 reales, a lo que éste tuvo que acceder al decir los bandoleros que venían de parte del "Tempranillo". Siempre luchó contra los caciques y los latifundistas.

Muchos de los huidos de la justicia se unían a él y llegó a contar con 50 hombres, entre ellos, "el Lero", "el Venitas", "el de la Torre" o "el Veneno". Muchos de ellos eran héroes de la Guerra de la independencia.

Su golpe más famoso y espectacular fue en Écija, cuando asaltó y robó una gran diligencia que llevaba gran cantidad de dinero de la Hacienda. Tenía una especie de servicio de espionaje a lo largo de los pueblos donde la gente le informaba sobre los movimientos de los hombres del Rey. Asimismo, contaba con las informaciones del correveidile del gobernador de Sevilla, un individuo que atendía al nombre de Pedro Ignacio Ángulo Martín, natural de Salamanca, extremadamente inteligente y taimado. Controló todos los pasos de Sierra Morena y cobraba peaje a todo carruaje que quisiera adentrarse por aquellos parajes. Sus acciones llegaron a recorrer no solo España sino también Europa lo que llevó a escritores como Prosper Mérimée, el cual dijo: En España manda el Rey, pero en Sierra Morena manda "el Tempranillo", a escribir sobre él. También lo conocieron pintores como J.F. Lewis que fue el que mejor lo retrató, como un hombre de poca estatura, fuerte, y con penetrantes ojos grises. Vestía con una chaqueta fina y camisa de algodón, y entre su faja siempre llevaba dos pistolones y dos navajas.

Aparte de sus asaltos y delitos, se demostró que no era perverso ni asesino despiadado, como otros bandoleros conocidos. Por ejemplo, trataba muy bien a las damas a las que robaba. Cuando asaltaba a un carruaje era el primero en ayudarlas a bajar ofreciendo su brazo, luego se las llevaba a la sombra y les iba quitando las joyas mientras decía:Una mano tan bella no necesita estas alhajas, y las damas suspiraban por él. Se casó con María Jerónima Francés, una joven y bella gaditana, ella quedó embarazada y el 6 de enero de 1832 estaba a punto de parir en un cortijo de Grazalema, cuando los migueletes rodearon el cortijo y atacaron a la casa donde estaban el bandolero y su mujer. "El Tempranillo" respondió al ataque y los soldados del Rey no se atrevían a asaltar la casa por miedo a que hubiera más bandoleros. En medio de tantos disparos y pánico, María, muy nerviosa, murió en el parto y el niño recién nacido a duras penas sobrevivió. Viendo esta situación, "el Tempranillo" actuó con rapidez, atándose el cuerpo de su amada muerta a la espalda, a su hijo en la faja y salió al galope del cortijo montado en su caballo en medio de los disparos de los migueletes sin resultar ni siquiera herido. Al día siguiente entregó el cadáver de María a la familia de ésta y el 10 de enero fue a bautizar a su hijo en la iglesia de Grazalema. Cuando llegó aquí la gente estaba asustada por una posible represalia del bandolero, pero "el Tempranillo" no hizo nada y nadie llamó a las autoridades, respetando así su dolor.

En agosto de 1832, Fernando VII dio el indulto a todos aquellos que quisieran servir a la ley y ser libres, liquidando a todos los bandoleros que no se unieran a la propuesta. "El Tempranillo" habló con sus hombres diciéndoles que si le siguen serán libres y no serán arrestados, pero que si no le seguían los buscaría y los llevaría al cadalso. "El Lero", "el Venitas" y "el de la Torre" se le unieron, pero "el Veneno" dijo que lo buscaran, que nunca dejaría de ser lo que era. Así empezó una lucha entre bandoleros bien urdida por el Rey. En diciembre de ese año cayó "el Veneno", siendo ajusticiado.

En plena lucha entre bandoleros, el día 23 de septiembre, "el Tempranillo", cerca de una hacienda que tenía en Alameda, se topó con una emboscada de un antiguo compañero, "el Barberillo", quien le disparó hiriéndole mortalmente poniendo fin a su vida con 28 años.

*Información sacada de Wikipedia.

Esta tarde

viernes, 8 de mayo de 2009

Un poema de Víctor Sierra


Lo tenía pendiente desde hace unas semanas. El gran Víctor Sierra acaba de sacar su poemario "garabato" y creo que tengo el privilegio de haber sido de las primeras personas en comprarlo.

Desde aquí os lo recomiendo, tanto el poemario como el poeta, ambos imprescindibles.



DIARIO

Los recuerdos son naúfragos
flotando en nuestra memoria

Solemos rescatarlos
con asiduidad:
unos necesitan una ducha
y un simple afeitado

Algunos,
además de aseo,
alimento
o cuidados intensivos

Unos mueren sucios y ahogados

El resto
se acuesta cada noche con nosotros.


*Garabato. Editorial SCYTHECUT. 2009.

miércoles, 6 de mayo de 2009

La oreja de Van Gogh la cortó Gauguin


La historia es conocida. Van Gogh, genial pintor holandés y mentalmente inestable, se cortó una oreja con una cuchilla en 1888, en Arles (sur de Francia), después de un rifirrafe con su colega francés Paul Gauguin. Pero según un nuevo libro, que se basa en la investigación policial sobre el caso, fue el volcánico Gauguin el que, en plena disputa, le seccionó la oreja a su compañero con una espada, según informa la cadena britànica BBC.

Esta es la principal inconsistencia de la versión oficial, aunque no la única, según los académicos alemanes Hans Kaufmann y Rita Wildegans, autores del libro Van Gogh's ear: Paul Gauguin and the pact of silence. Tras diez años de investigación, han cotejado declaraciones de testigos y la correspondencia entre los dos artistas y han concluido que la trifulca acabó cuando Gauguin, un experto espadachín, le cortó una oreja a su amigo. Al parecer, después Van Gogh envolvió la oreja en una tela y se la entregó a una prostituta llamada Raquel.

¿Un accidente o algo más?

No está claro si fue un accidente o si de verdad Gauguin quería herir a su amigo, según incide Kaufmann, pero después del incidente ambos acordaron contar a la policía la versión de la autolesión para proteger a Gauguin. Además, señala el investigador, la versión tradicional se basa en pruebas contradictorias e improbables, y no existe ninguna declaración de ningún testigo independiente. "Gauguin no estuvo presente en la supuesta automutilación", ha señalado Kaufmann en el periódico francés La Figaro.

"Por su parte, Van Gogh nunca confirmó nada. El comportamiento posterior de ambos y varias sugerencias de los protagonistas indican que ambos ocultaban la verdad". Poco después, Gauguin se trasladó a Tahití, donde pintó algunas de sus obras más famosas. Van Gogh murió en 1890 tras dispararse en el pecho.

Noticia en El País


Prólogo: No hay camino al paraíso


Prólogo de David González para el libro No hay camino al paraíso, de Javier Das & José Ángel Barrueco (Ya lo dijo Casimiro Parker). Un par de fragmentos:


CUANDO LA VERDAD DE ALGUIEN ES LA MISMA QUE LA TUYA


He de empezar confesando, no vaya a ser que luego se me olvide, que, por la calidad de los poemas, por el mensaje ético, moral y vital que de ellos se desprende, y por la fuerza y valentía de sus versos, hubiese dado algo, casi cualquier cosa, por haber escrito yo los dos poemarios con que ha sido concebido y creado este singular libro por parte de la joven y prometedora editorial madrilena Ya lo dijo Casimiro Parker.

(...)

Durante la lectura y relectura de estos admirables poemarios recordé a mi propio padre. Me vinieron a la mente, como analepsis en literatura o flahsback en cine, recuerdos sobre hechos que yo ni siquiera sospechaba que aun pudieran permanecer, e imborrables además, en mi cada vez más frágil y maltrecha memoria. Mientras leía Sin frío en las manos, de Das, recordé consejos y ensenanzas de mi padre sobre, por ejemplo, cómo plantar árboles, manzanos en concreto. En cambio, mientras hacía lo propio con Le aplastaré con mis versos, de Barrueco, sentí el mal genio y el veneno que mi padre descargaba sobre nosotros cada vez que venía de visitar a su madre, mi abuela, como si ella se lo hubiera inoculado.

[Prólogo completo: aquí]

Un poema de Carmen Beltrán Falces



LOS HOMBROS DE LOS GIGANTES

Ser bueno era un problema.
Muy grave si lo eras en muchas cosas.
Todos esperaban que cayeses,
que fallases estrepitosamente.
Un fracaso que evidenciaría
esa imperfección que tú ya conocías.
Tu punto débil.
Rabiaban por conocerlo.
Te enfermaba su hipocresía
pero te aterraba estar solo.
Y te dejaste devorar por ellos.
Caíste.
Dejaste que te superaran
las veces que fueran necesarias
para lograr que te tuvieran
más pena que envidia.
No volviste a levantar cabeza.
Pero tampoco volviste a estar solo:
los hombros de todos
los triunfadores a los que aupaste
aguardan a que llores en ellos tu fracaso.


*Carmen Beltrán Falces. 23 Pandoras. Ediciones de Baile del Sol. 2009.