
Las mismas cajas
que trajeron mi libro
desde la imprenta
ahora me sirven
para mudanza.
Te prometo
que me he dejado
los cuernos,
la vida,
el alma
en estos dos años.
He luchado,
he peleado
y he hecho todo
lo que estaba
en mis manos.
Y si hemos llegado
a este punto
no es por rendición,
por tomar un camino fácil,
por cerrar la puerta
de un portazo.
Si no que a veces,
como en la vida misma,
aunque te tapen las heridas
ya has perdido
demasiada sangre.
* Este poema se lo dedico a ella, porque dos años se dicen rápido pero no caben en un bolsillo.
Y porque los restos de piel debajo de las uñas demostrarán que luchamos como jabatos.





