miércoles, 26 de septiembre de 2007


Mira,
en Francia,
para tocar un instrumento
y jugar
se utiliza el mismo verbo.

Aquí,
en España,
sólo les está permitido
jugar a los niños,
y tú y yo,
si queremos jugar,
tenemos que quedarnos
en nuestra habitación.

miércoles, 19 de septiembre de 2007


Subo el borrador de un poema que escribí ayer en una cafetería mientras me tomaba una cerveza.



Te puedo contar las reglas,
los secretos,
qué hacer en cada momento.
Puedo no ocultarte nada,
dejar en tus manos todo
lo que con el tiempo
he aprendido.
Pero lo malo
es que, si lo hago,
si me decido a ello
y sales fuera a probarlo,
te darás cuenta, como yo,
que al final
todo es una gran mentira.
Y lo peor
es que, aún así,
ellos la creen
y la aceptan en sus vidas.

lunes, 10 de septiembre de 2007


Eran otros tiempos.

Mi padre nunca
estudió una carrera,
y aún así
fue director
de una gran compañía aérea
durante 29 años.

Vivió en Londres
y en París.

En el primero
trabajó en un hotel,
y cuando las del servicio de limpieza
estaban en las habitaciones,
él entraba
y cerraba la puerta
tras de si.

En París
pasó hambre,
mucha hambre,
con una onza de chocolate
al día
y un trozo de pan.
Ahí fue
donde se quedó calvo.

La dueña de un bar,
que era española,
le contrató unos días.

“Ayúdeme
o me muero de hambre”

Eran otros tiempos.

Ahora,
todo el mundo viaja
y aprende idiomas.
Y si entras en un bar
pidiendo ayuda,
probablemente acabes
en la calle,
muriéndote de hambre,
de frío,
y de soledad.

jueves, 6 de septiembre de 2007


Lo bueno de escribir
aquí, en casa,
es que ella me regala
su presencia,
su compañía.
Mientras yo
tecleo y bebo algo,
ella intenta cambiar
el poema
pasando por encima
del teclado,
o se tumba
encima de unos libros.
Es pequeña,
y cada dos por tres
tengo que parar
porque quiere
que la coja en brazos.

Se llama Norah,
tienes tres meses,
y la encontraron
en una autopista.

jueves, 30 de agosto de 2007


Coge el coche,
te invito
a escuchar
un disco nuevo
que me he comprado.
Y de paso,
si quieres,
cenamos en algún
bar de carretera,
en el que quieras,
di un kilómetro
y nos paramos.
Seguro que allí
no hay tanta luz,
y con un poco de suerte,
si la noche está despejada,
podremos ver las estrellas.
Creo que si lo pienso
nunca he visto una estrella
fugaz.
Y tal vez ese sea el problema
en todo esto,
que nunca he podido
formular
mi deseo.

martes, 28 de agosto de 2007


Voy cada tarde,
o al menos
eso intento.

Primero
tengo que
atravesar toda la playa
y después
una zona de rocas.

El ayuntamiento
ha instalado allí
unos aparatos
para que la gente
haga algo de ejercicio.
Junto
con un antiguo
tranvía,
con una fuente
de la que el agua
siempre sale caliente.

Y mientras
estoy
allí sentado,
en una de esas
máquinas,
me quedo parado
mirando el mar.

A lo lejos,
hay un carguero
avanzando
lentamente.

Por si no lo sabéis,
la velocidad
máxima
que pueden alcanzar
ronda los
35 kilómetros por hora,
y pueden transportar
una carga de unas 15000
toneladas.


Y avanza
lentamente,
muy lentamente,
al menos para mis ojos.

Y a mí
sólo se me viene
a la memoria,
cuando de niño,
con mis amigos,
jugábamos a hacer
el muerto
en la piscina.

Sin lugar a dudas
él
nos gana a todos.

sábado, 25 de agosto de 2007


La oficina
de Alfred
estaba en el segundo piso.

- Joder Javier,
no te había reconocido,
como has cambiado.

Me presentó
a todo el mundo
y me invitó
a un café.

A través de un cristal,
en un despacho,
un hombre
hablaba por teléfono.

- Ven, te voy a presentar
al director, era amigo de tu padre.
¡Jorge!, mira a los ojos a este chaval
y dime a quién te recuerda.

- A Vicente Das.

Mi padre
había muerto
hacía cuatro años,
y yo no había
visto a ese hombre
en mi vida.