
Eran otros tiempos.
Mi padre nunca
estudió una carrera,
y aún así
fue director
de una gran compañía aérea
durante 29 años.
Vivió en Londres
y en París.
En el primero
trabajó en un hotel,
y cuando las del servicio de limpieza
estaban en las habitaciones,
él entraba
y cerraba la puerta
tras de si.
En París
pasó hambre,
mucha hambre,
con una onza de chocolate
al día
y un trozo de pan.
Ahí fue
donde se quedó calvo.
La dueña de un bar,
que era española,
le contrató unos días.
“Ayúdeme
o me muero de hambre”
Eran otros tiempos.
Ahora,
todo el mundo viaja
y aprende idiomas.
Y si entras en un bar
pidiendo ayuda,
probablemente acabes
en la calle,
muriéndote de hambre,
de frío,
y de soledad.





