jueves, 14 de junio de 2007


Copio un día de un cuaderno que encontré hace poco. El cuaderno cubre más o menos un año entero, de abril del 2005 a abril del 2006.

04/05/05

Al lado de la maleta he quemado los últimos libros. Es curioso, la casa vacía da demasiada sensación de soledad. En el ambiente pesa una carga de melancolía y tristeza, un echar la vista atrás y recordar las escenas vividas entre esas cuatro paredes. De pie, solo en medio de lo que era mi salón comedor, ya solamente distingo mis pertenencias junto a la puerta. Fuera, en la calle, la tarde aún me regala parte de la luz que me permite dar una coloración aún con más carga psicológica. No sé bien quién entrara a formar parte ahora de esta casa, pero una parte de mí creo que se quedará para siempre. Me siento violado, con la intimidad rota, será mejor no ver una vez más las habitaciones. Con la puerta cerrada podría cambiar de nombre y no lo notaría, debe conservarse el calor en el respaldo de la silla.

01:23, por la noche mi vida se concentra, se vuelve más clara. Como dice Jonsi “estaría perdido de no poder tener esta visión de la vida”

Juego a cazar fantasmas con una espada de madera. Por su poco peso me es fácil contrarrestar los golpes. Caminando por la calle me he cruzado con un gato anaranjado que enseguida se me ha acercado. Tenía el pelo suave, en el momento que ha notado mi mano sobre él, se ha tumbado aceptando las caricias y ronroneando.

Escribir a base de espirales sería confuso pero precioso. Puede que no, depende del grado de coherencia de lo expresado.

Viajo en amarillo. Con un buen plano te encontraría durmiendo en un lago. Y justo cuando fueses a comenzar a nadar me aferraría a tu cola aún con el riesgo de morir ahogado.

En un manojo de llaves es más larga la que antes atraviesa el corazón. Con la demás se puede leer la correspondencia mientras nos resistimos a darnos por vencidos.

Buenas noches princesa, te esperan los monstruos al otro lado de la puerta, mantente despierta y se devorarán entre ellos.


domingo, 10 de junio de 2007


...necesito opiniones...

...estoy diseñando la portada del libro...

...le he dado mil vueltas y no me aclaro... no sé...

...¿qué os parece?...

...dadme vuestra más sincera opinión...

jueves, 7 de junio de 2007



Esta noche la luna cierra
sus ojos,
esta noche que nadie pasea
por las calles,
esta noche que todos
lloran que no estés.

En la parte de la ciudad
donde todas las calles
tienen el mismo nombre
y nadie se atreve
a llevarte de la mano.

Con un abrigo
que cubra tu tristeza
y toda la nieve
sobre tus hombros.

Llevando
una maleta abierta,
dejando caer las palabras
que no caben
en tus bolsillos.

Para volver a tu habitación,
y dar la vuelta al mundo
asomado a la ventana.

Y una daga clavada en tu costado,
y la sangre que se derrama
marcando el camino que vuelve a la cama.

Esta noche la luna cierra sus ojos,
esta noche la nana acabó muy pronto.

Y las estrellas
se retiran cansadas,
y el cielo
es un punto
cada vez más pequeño.

Esta noche.

A la que los relojes,
atemorizados,
no entraron.

Esta noche
en que todo puede pasar.
que no vale con la sábana sobre la cabeza,
que no vale el refugio de una espalda.

Hay veces en que todo
se vuelve en contra,
te retuercen
pero no tienes fuerzas
para gritar.

Y entonces no sabes
que te queda,
no sabes
dónde está el punto
al que aferrarse.

Porque hasta una caricia
te puede llenar de miedo.

Y el final de este poema
puede ser realmente
el punto
donde comience el siguiente.

martes, 29 de mayo de 2007


...os presento EN SILENCIO, una revista de poesía...

...mAltieri me está sacando unas cuantas copias...

...dentro de poco se podrá encontrar en la librería Arrebato en Madrid y en alguna más en Málaga...

...si a alguien le interesa y no puede hacerse con ella la puedo mandar por correo o el pdf vía email...

...a ver si os gusta...

...y cuando hacienda me de lo que me debe, el libro.... esperemos...

...
..
.

jueves, 24 de mayo de 2007


Soy el niño que,
lentamente,
sueña contigo cada noche.

Soy una mano sin anillos,
un cuello sin deseo,
unos labios con estrías.

Soy el mendigo al que nunca miras,
el cielo al que recurres cuando tienes miedo,
el volcán que entierra una ciudad bajo el mar.

Soy un libro con esquizofrenia,
un columpio agorafóbico,
un grito en la ducha.

Soy todo lo que nunca soñé que sería,
soy el girasol que en lugar de al sol,
te mira a ti,
el armario que esconde tres docenas de pistolas.

Soy hoy,
y tal vez mañana.

Soy una hora en punto
desde lo alto de la catedral.

Soy el perro que pasa por delante.

Soy él.

Soy tú.

Soy quien nunca
has podido imaginar.

Caminaba sin rumbo fijo,
deambulando,
eligiendo al final
de cada calle
si girar a izquierda o derecha.

Su vestuario era el de siempre,
botas negras,
pantalón vaquero,
camiseta
y un abrigo largo
algo roído.

En uno de sus bolsillos
guardaba
un revolver
del tamaño de la palma
de su mano,
con el tambor alojando
únicamente una bala.

Y en el otro
un cuaderno,
un bolígrafo negro
y algunas monedas
para un café.

Analizaba
cualquier calle,
edificio,
esquina
por la que pasaba.

Y buscaba,
uno a uno,
un cruce de miradas
con el resto
de caminantes.

De vez en cuando
se paraba,
se sentaba en algún
banco cercano
y sacaba su cuaderno.

No forzosamente
para escribir,
si no únicamente
para sentirlo
entre sus manos.

Pasaban horas,
y nunca el número
de calles recorridas
era el suficiente.

Siempre había
algo que descubrir,
algún maniquí
en un balcón
al que observar,
o alguien
cantando
desde una cocina.

Frecuentemente,
descubría
su mano en el bolsillo
acariciando el revolver,
y aunque
guardaba esa bala
para el día
en que no quisiese
seguir,
no era la primera
vez
que deseaba
dispararla.

Y así,
día tras días,
sin cambio alguno,
se convertía
en un peatón anónimo
en el que nadie reparaba,
un turista de las mismas calles
una y otra vez.

Y de esa manera
se sentía tranquilo,
sabiendo que,
nunca,
sabía de antemano
que dirección escogería.

Y que,
en cualquier caso,
siempre podía
pararse
y tomarse un café.

miércoles, 16 de mayo de 2007


Cada calle respira un aire diferente,
cada calle que puedo atravesar
y dejar la marca de mis manos
en sus paredes.

Dentro de una ciudad
que arde cada noche
y cada mañana empieza de cero.

Con todos sus habitantes
arrojando partituras por la ventana,
un sinfín de canciones
que nunca nadie llegará a aprender.

Volar alto permite verlo todo con más detalle,
marcar la X en el mapa
e izar las velas.

Y una nana que desafina en cada parpadeo,
y una montaña que se abre paso
en campos atestados de flores.

Así a veces se puede llegar a la locura,
a través de un espejo sin rencor,
que devuelve nuestra imagen
cronometrada con un reloj parado.

Y cientos de pájaros que dibujan
sonrisas sin dientes en el cielo,
levantando con sus aleteos
la falda de las chicas que se paran a observarlos.

Aún así me quedo aquí,
con una cerveza en una mesa de metal,
con una chica de grandes gafas en la mesa de enfrente,
sin saber ni que hora es,
sabiendo únicamente que me voy sintiendo
cada vez más vivo.