domingo, 10 de junio de 2007


...necesito opiniones...

...estoy diseñando la portada del libro...

...le he dado mil vueltas y no me aclaro... no sé...

...¿qué os parece?...

...dadme vuestra más sincera opinión...

jueves, 7 de junio de 2007



Esta noche la luna cierra
sus ojos,
esta noche que nadie pasea
por las calles,
esta noche que todos
lloran que no estés.

En la parte de la ciudad
donde todas las calles
tienen el mismo nombre
y nadie se atreve
a llevarte de la mano.

Con un abrigo
que cubra tu tristeza
y toda la nieve
sobre tus hombros.

Llevando
una maleta abierta,
dejando caer las palabras
que no caben
en tus bolsillos.

Para volver a tu habitación,
y dar la vuelta al mundo
asomado a la ventana.

Y una daga clavada en tu costado,
y la sangre que se derrama
marcando el camino que vuelve a la cama.

Esta noche la luna cierra sus ojos,
esta noche la nana acabó muy pronto.

Y las estrellas
se retiran cansadas,
y el cielo
es un punto
cada vez más pequeño.

Esta noche.

A la que los relojes,
atemorizados,
no entraron.

Esta noche
en que todo puede pasar.
que no vale con la sábana sobre la cabeza,
que no vale el refugio de una espalda.

Hay veces en que todo
se vuelve en contra,
te retuercen
pero no tienes fuerzas
para gritar.

Y entonces no sabes
que te queda,
no sabes
dónde está el punto
al que aferrarse.

Porque hasta una caricia
te puede llenar de miedo.

Y el final de este poema
puede ser realmente
el punto
donde comience el siguiente.

martes, 29 de mayo de 2007


...os presento EN SILENCIO, una revista de poesía...

...mAltieri me está sacando unas cuantas copias...

...dentro de poco se podrá encontrar en la librería Arrebato en Madrid y en alguna más en Málaga...

...si a alguien le interesa y no puede hacerse con ella la puedo mandar por correo o el pdf vía email...

...a ver si os gusta...

...y cuando hacienda me de lo que me debe, el libro.... esperemos...

...
..
.

jueves, 24 de mayo de 2007


Soy el niño que,
lentamente,
sueña contigo cada noche.

Soy una mano sin anillos,
un cuello sin deseo,
unos labios con estrías.

Soy el mendigo al que nunca miras,
el cielo al que recurres cuando tienes miedo,
el volcán que entierra una ciudad bajo el mar.

Soy un libro con esquizofrenia,
un columpio agorafóbico,
un grito en la ducha.

Soy todo lo que nunca soñé que sería,
soy el girasol que en lugar de al sol,
te mira a ti,
el armario que esconde tres docenas de pistolas.

Soy hoy,
y tal vez mañana.

Soy una hora en punto
desde lo alto de la catedral.

Soy el perro que pasa por delante.

Soy él.

Soy tú.

Soy quien nunca
has podido imaginar.

Caminaba sin rumbo fijo,
deambulando,
eligiendo al final
de cada calle
si girar a izquierda o derecha.

Su vestuario era el de siempre,
botas negras,
pantalón vaquero,
camiseta
y un abrigo largo
algo roído.

En uno de sus bolsillos
guardaba
un revolver
del tamaño de la palma
de su mano,
con el tambor alojando
únicamente una bala.

Y en el otro
un cuaderno,
un bolígrafo negro
y algunas monedas
para un café.

Analizaba
cualquier calle,
edificio,
esquina
por la que pasaba.

Y buscaba,
uno a uno,
un cruce de miradas
con el resto
de caminantes.

De vez en cuando
se paraba,
se sentaba en algún
banco cercano
y sacaba su cuaderno.

No forzosamente
para escribir,
si no únicamente
para sentirlo
entre sus manos.

Pasaban horas,
y nunca el número
de calles recorridas
era el suficiente.

Siempre había
algo que descubrir,
algún maniquí
en un balcón
al que observar,
o alguien
cantando
desde una cocina.

Frecuentemente,
descubría
su mano en el bolsillo
acariciando el revolver,
y aunque
guardaba esa bala
para el día
en que no quisiese
seguir,
no era la primera
vez
que deseaba
dispararla.

Y así,
día tras días,
sin cambio alguno,
se convertía
en un peatón anónimo
en el que nadie reparaba,
un turista de las mismas calles
una y otra vez.

Y de esa manera
se sentía tranquilo,
sabiendo que,
nunca,
sabía de antemano
que dirección escogería.

Y que,
en cualquier caso,
siempre podía
pararse
y tomarse un café.

miércoles, 16 de mayo de 2007


Cada calle respira un aire diferente,
cada calle que puedo atravesar
y dejar la marca de mis manos
en sus paredes.

Dentro de una ciudad
que arde cada noche
y cada mañana empieza de cero.

Con todos sus habitantes
arrojando partituras por la ventana,
un sinfín de canciones
que nunca nadie llegará a aprender.

Volar alto permite verlo todo con más detalle,
marcar la X en el mapa
e izar las velas.

Y una nana que desafina en cada parpadeo,
y una montaña que se abre paso
en campos atestados de flores.

Así a veces se puede llegar a la locura,
a través de un espejo sin rencor,
que devuelve nuestra imagen
cronometrada con un reloj parado.

Y cientos de pájaros que dibujan
sonrisas sin dientes en el cielo,
levantando con sus aleteos
la falda de las chicas que se paran a observarlos.

Aún así me quedo aquí,
con una cerveza en una mesa de metal,
con una chica de grandes gafas en la mesa de enfrente,
sin saber ni que hora es,
sabiendo únicamente que me voy sintiendo
cada vez más vivo.

domingo, 13 de mayo de 2007


Se instaló
en medio de la calle
con su telescopio
frente a sí.

Era inevitable
que la gente le mirara,
que se parasen,
que sonriesen.

Invitaba a la gente
a introducirse en el cielo,
a saborear las estrellas,
a mirar debajo de la falda
de la luna.

Y poco a poco,
día a día,
consiguió
que la gente le esperase
impaciente,
consiguió
sonrisas a cambio de nada,
consiguió
cambiar el color
de los días.

Y aún así
hace poco
escuche que se había
quitado la vida,
se había suicidado,
se había disparado.

En su apartamento,
en la mesa,
con la luz de una bombilla
iluminando el momento.

Y ahora
todo el mundo se sorprende,
se quedan extrañados,
se echan las manos
a la cabeza
y exclaman.

Pero nadie
pensó
que tal vez
eran ellos
los que,
cada día,
le rescataban.

Nadie pensó
que volviendo a casa
se le acabasen las estrellas
y las manos
comenzasen a temblar.

Porque no siempre
la vida
es una carga
que conseguimos
transportar.

Y uno sólo piensa
en llegar a esas
viejas estrellas
cuanto antes.