miércoles, 4 de abril de 2007


No vale la pena
guardar un revolver
descargado en el cajón.

No merece la pena
haberlo comprado
si únicamente lo tememos.

Hay que saltar
si la ventana se abre de golpe,
si descubrimos
que nosotros la dejamos cerrada.

Hay que gritar, bailar,
cantar.

Hay que seguir ese camino
que se pierde
cerca del río.

Hay que tener presente
que nos podemos caer,
que tal vez
mañana
nos arrepintamos.

Pero hay que vivirlo,
saborearlo,
tratar de capturarlo.

Pues nunca se sabe,
pero tal vez
la siguiente vez
que lo queramos hacer,
entonces
ya sea demasiado tarde.

viernes, 23 de marzo de 2007


Yo,
por raro que parezca,
he conocido
a un chico con alas.

Un chico
que sabe volar
a zonas que nadie
conoce.

Y tal vez,
si eres afortunado,
te lleva a volar con él.

Y te enseña
a mirar el mundo
desde su punto de vista.

Donde la poesía
es el día a día,
y la vida
huele a vivir
intensamente.

Al que después
puedes tardar
mucho en regresar.

Y echas de menos
cuando te alejas
de él.

Porque sabes
que allí
renaciste de nuevo.

Allí empezó
todo
cuando
no te rodeaba nada.

Y entonces
piensas que algún día
volverás,
porque lo necesitas,
porque lo recuerdas
y no te vale con ello,
porque una vez
que lo has probado
no vale
pasar página
sin más.



* Dedicado al niño con alas.

martes, 20 de marzo de 2007


Hay, cerca del mar,
un lugar al que retirarse.

Un lugar
desde el que salir a pescar,
desde el que contemplar el tiempo.

Un lugar para vivir
esta vida,
y alguna otra que pueda venir.

Hay un lugar
cerca del mar
donde desabrocharse
la camisa,

hay un lugar
cerca del mar
donde hacer volar
mis poemas.

Pero si vas a llegar
eso nunca lo sabes,
aunque casi acaricies
su superficie
con tus dedos.

Tal vez mañana,
o pasado,
o el año que viene.

O nunca.

Tal vez ese
lugar exista
para seguir viviendo.

Para conservar
la esperanza
de no perder la cabeza.

Allí estás ahora mismo,
aunque tu cuerpo
siga metido en tu coche,
en una calle infestada
de tráfico.

Porque todos los días
te haces la misma
pregunta.

Y todos los días
te falta rellenar el hueco
con lo que quieres oír.

lunes, 12 de marzo de 2007


Te dedico
un terrón de azúcar
en café caliente.

Esperando
en un sillón rojo
a que se apaguen las luces.

Te dedico
una habitación
de espaldas al mar.

Te dedico
un jardín
de sauces llorones.

Pasando
las horas
delante de tu ventana.

Asómate
para que pueda verte.

Asómate
y salta a este jardín húmedo.

Te dedico
esta noche,
o cualquier otra.

Te dedico
los minutos
que tardé en escribir
esto.

Te dedico
un trozo de mi vida,
aquel que nunca sé
cómo utilizar.

Te lo dedico hoy,
y mañana quizás también.


Y si te gusta
podremos repetir,
si quieres,
si al final te convence,
si todo esto
te puede emocionar
lo más mínimo.

lunes, 26 de febrero de 2007


Tengo tres billetes de cinco
en mi mano derecha.

Y un poema a medio escribir.

Tengo la mente en blanco
y los bolsillos
demasiado vacíos.

Y hace horas
que el desierto
se tragó mi cama

Todo esto debería
ser suficiente
para hacerme
reflexionar.

Pero aún
creo que queda
demasiado camino
por escribir.

Para luego decirte
que sigo aquí,
que puedes contar conmigo
si no me ahogo
al llegar a tu casa.

Ha amanecido
sin cielo,
con una lluvia
de pájaros muertos
en cada rincón.

Y tres billetes de cinco
no cambiarán nada,
no harán correr el tiempo
más despacio.

Pero al menos,
por ahora,
me mantienen ocupado.

Me permiten alargar
los minutos
que tardo
en cerrar mi boca.

Los minutos
que me faltan
para dar por terminado
el día.

domingo, 25 de febrero de 2007


Puedes tener
cientos de horas reservadas,
bebida y comida
para una vida entera.

Puedes tener
la mesa clavada al suelo,
y lámparas de reserva
por si estalla una tormenta.

Varios pares de zapatos,
música para cada momento,
e incluso un teléfono
para hablar con algún amigo.

Puedes, si quieres,
rodearte de toda la seguridad
que te permitan tus manos.

Y respirar tranquilo
creyendo que nada fallará.

Pero,
tal vez,
sólo haga falta
un leve golpe de viento
para tirar la torre de naipes.

Un cambio inesperado
para que el mapa deje de marcar
cómo llegar al tesoro.

Tal vez sólo tengas
que plantearte quién eres,
qué estás haciendo,
para dejar abandonado
todo.

Porque realmente,
al final,
nada,
absolutamente nada,
puede quitarte la sensación
de que no vales ni un céntimo.

Nada te hará frenar
cuando abras esa ventana
y esta mañana el suelo
no parezca tan lejos.

viernes, 23 de febrero de 2007


Estás a punto de decir adiós,
hacer las maletas
y tachar de la lista
todas tus camisas.

Estás a punto de escribir
esa nota que lo explica todo,
“No aguanto más, me voy”

Pero poco a poco,
sin darte cuenta,
alargas el final.

Aún conservas la esperanza
de que alguien aparezca
para frenarte,
alguien que te explique
por qué ahí fuera
aún sale el sol
cada mañana.

Y tus zapatos
avanzan más lentos
de lo habitual.

Y tus ojos
comienzan a teñirse
de lágrimas.

Hoy ha sido un día duro,
realmente
demasiado duro.

Pero todo acabará
en breves momentos.

Y cierras la puerta
detrás de ti,
y dejas las llaves en el buzón.

Esta noche espera
algún parque cercano,
algún cartón de vino.

Para mañana
empezar de cero,
con nada en los bolsillos,
con las manos llenas
de esperanza falsa.

Cuando te despiertes
y eches de menos
todo lo anterior.

Cuando a cada paso que des
dejes de sentir
la persona que eras.

Y olvidar,
gradualmente,
todo el daño acumulado.

Para de nuevo sonreír,
o al menos forzar la mueca.

Y entonces, un día de estos,
sentarte a escuchar la música.

Mientras a tu casa
nadie vuelve.

Mientras ella se fue
antes que tú.

Con todos tus libros,
con toda tu vida por delante.