lunes, 5 de febrero de 2007


Esta noche
llévame a casa,
sólo tienes que deshacer
el camino que llevo andado,
te será fácil reconocerlo,
fui pisando todos los charcos
que encontré a mi paso.

Me abrazo a tu cuello
y andamos,
este beso en la mejilla
te lo presto hasta
que te acuestes
en mi cama.

¿Te has fijado en el río?
Parece que los pájaros
decidieron quedarse dormidos,
no suena nada
a nuestro alrededor
y en cambio puedo ver
con claridad el reflejo
de mi cigarrillo.

A lo lejos ha empezado
a escucharse una ambulancia,
dentro alguien pide
que le dejen morir,
sólo quiere abrazar
a su mujer una vez más.

Podrías decirme
“te quiero”

o algo que rellene
este silencio.

Mañana por la mañana
te llevaré el desayuno a la cama,
y te enseñaré canciones
que nunca he compuesto.

Si quieres las puedo escribir ahora,
al fin y al cabo mi casa
queda en el otro sentido
y este parque es tan grande
que invita a perderse en él.

martes, 30 de enero de 2007


No es miedo a la caída,
es miedo a asomarse a la ventana
y ver el bosque consumido en llamas.

Es mantener la cabeza alta
o esconderse detrás de un árbol
y observar el mundo sin uno mismo.

Es que se agarre a tus entrañas
y te devore lentamente.

Es luchar contracorriente,
es destrozar cada día
la estructura establecida.

Unos pocos dicen que está bien,
y mientras otros tantos
se dedican a mirarte de reojo,
apuntando con el dedo,
riéndose entre dientes.

Cuando te das cuenta
de que no te gusta
lo que te contaron,
cuando ves que al príncipe
no le gusta luchar contra el dragón.

Es permanecer alerta,
con los ojos abiertos,
la mente despejada,
y echar a correr
sólo
en el momento necesario.

Porque el resto del tiempo
hay que estar ahí,
sentado,
desplegando un ejercito
que te empuje a continuar.

Recuerdo sus calles
y el placer de recorrerlas,
la sensación de deambular
sin rumbo fijo,
el doblar esquinas
al azar.

Recuerdo
la sensación de libertad,
caminar día tras días
y nunca cansarse.

Hay sensaciones
que no se pueden medir
si no es con la sensación
en si.

Y es que cuando
encontramos nuestro lugar,
cuando unas calles
nos hablan
mientras las cruzamos,

entonces
la vida crece
y podemos acariciarla
por unos instantes.

Aunque momentos después
nos detengamos
a buscar un lugar en un mapa,
aunque nos distraigamos
y perdamos la atención.

Cuando se saborea la vida
se quiere poseer
ese momento,
retenerlo,
saber que volveremos
a percibirlo.

Volver, una vez más,
a ser nada y todo
en dos
miserables calles.

jueves, 25 de enero de 2007



Espero que aún quieras verme dormir
una vez más.

Espero que aún te sientas atraída
por caminar en la misma
acera que yo.

Ya sabes
que busco la sombra de los edificios,
la intimidad de esas calles
donde nadie tiene nombre.

Y poco a poco llegar a algún sitio
en donde pedirte un abrazo,
aunque al final nunca estás,
y entonces me conformo
con echar una mirada al cielo.

Hay pocos momentos
tan intensos como vaciar
una ciudad a primera hora de la mañana.

Cuando el frío aún es húmedo
y no te puedes abrigar.

Caminando sin rumbo alguno
y cualquier sitio es bueno
para pararse
y mirar alrededor.

Realmente espero que me acompañes
estos días,
en los que hacer todo y nada
ocupan el mismo lugar
y espacio.

martes, 23 de enero de 2007


Quieres bailar
mientras todos
regresan a casa.

Un tanto aturdida
porque sabes
que tu cama
te espera vacía.

Y trazas una línea
de tiza
en el asfalto,
y la calle se convierte
en la arena
de un enorme circo.

Con las ventanas
iluminadas
presentando a sus artistas.

Con equilibristas
y trapecistas
que secuestran la noche
en sus bolsillos.

Porque sigues soñando
que te aplauden,
y que,
al final,
te espera
una ducha caliente.

viernes, 19 de enero de 2007


Te podría contar
que me he quedado
toda la tarde
leyendo,
escribiendo,
pintando,
tocando el piano.

Pero te diré la verdad,
y entonces sabrás
que en mis libros
las letras se habían descolocado,
mi cuaderno escapaba por el balcón,
un reguero de óleo me demostró su suicidio,
y mi piano había estado bebiendo
y no se acordaba de cantar.

Te podría contar
que he sido feliz a tu lado,
que echo de menos
cuando me pedías un abrazo,
que duermo en el sillón
para no preguntarme
por qué no estás.

Te podría contar tantas cosas,
pero muchas de ellas
ya las sabrás
y otras ni siquiera
se me ocurrirán a mí.

Así que mejor
seguiré aquí,
con la luz de esta lámpara
iluminando la mesa
y los pies fríos por la humedad.

Y mañana, quién sabe,
puede que tenga algo
nuevo que contarte.

Quizá que me enrolé en un barco,
quizá que me tocó la lotería,
o quizá, simplemente,
te diré
que hay mil cosas que te podría contar.

martes, 16 de enero de 2007



Mientras te espero
alguien está gritando
en su habitación.

Desde mi ventana
sólo percibo su figura
tras la cortina,
pero puedo diferenciar
dos cuerpos.

Quién sabe
si hoy ya no dormirán
juntos,
si ella le está diciendo
que es mejor dejarlo,
que necesita un tiempo,
que se ha enamorado
de otro.

Por eso
mientras espero
enciendo un cigarro
y dejo que se consuma
sin llevármelo
a los labios.

Porque
ese hombre
quizá mire por la ventana,
quizá piense
que merece la pena
saltar y dejar todo atrás.

Y entonces,
si me ve,
le ofreceré una calada,
aunque sé
que está demasiado lejos
como para alcanzarlo.

Pero quién sabe,
tal vez nunca llegues,
y éste sea el único
pasatiempo
mientras me doy cuenta
que hace rato que me miro
al espejo.