jueves, 11 de enero de 2007


Necesito
más de dos vidas
para poder entender
por qué de vez en cuando
nada parece funcionar,
por qué si te miras en el espejo
y éste te refleja
siempre te ves desmejorado.

Necesito
más de dos vasos de vino
para abrazarte esta noche
y sonreír un rato,
hace horas vi tus manos
recorrer demasiadas
cicatrices.

Necesito
tantas palabras
que he quemado cientos
de diccionarios,
y aún así se quedan cortas
para acabar bien
este poema.

Te querría contar
que ayer lloré,
que me acordé de cuando
aún sonreíamos juntos,
de esa época
que ahora
queda tan lejos.

Pero sólo pude dormir
y olvidar,
hacer que todo se apagase
y esperar,
al fin y al cabo dicen
que mañana
siempre será otro día.

Esperemos que al menos
varíe realmente,
y si no, bueno, ya sabes
dónde encontrarme.

Las calles se hacen tuyas
con un cigarrillo en tus manos,
o con un café caliente
en un vaso de cartón.

Con la camisa nueva,
los zapatos gastados,
y un mapa que indica
donde te perdiste anoche.

Porque eres invisible
cuando nadie repara en ti,
cuando tu hueco está
marcado en el suelo,
cuando sabes tu nombre
y el dinero guardado
en tu bolsillo.

Con el frío en tu cara,
y el vaho
haciendo el amor
con esos ojos verdes
que no cesan
de mirarte.

viernes, 5 de enero de 2007

Si fuera está nevando

alguien olvidó

tu nombre

esta noche.


Alguien que busca

en su cama

un lugar seguro

donde evitar

el vértigo.


Mientras

en la calle

la nieve calma

el insomnio

de la ciudad.


Con demasiado peso

en cada una

de tus manos

y el frío

entre tus dedos

atrofiándolos.


Nunca antes

una pared

pareció

un pasillo sin puertas,

el muro

contra el que

golpear

tus sueños.


Y te muerdes

el labio

para despertar,

aunque

la sangre te indica

que es hora

de asumirlo

todo.


Mientras

en la calle

se congelan

las parejas

en los parques,

mientras

sólo buscan

darse calor

mutuamente.

lunes, 25 de diciembre de 2006

domingo, 24 de diciembre de 2006


En la cafetería del tren
está el borracho
con su gorra de marinero.

Habla con la silla
vacía
de su izquierda
mientras el camarero
le sirve
otro whiskey.

Con las miradas
clavadas
en él.

Y sus sueños
en un poema con marcas
de apoyar
demasiadas veces
un vaso.

Todos los barcos
naufragaron para él.

Pero en el faro
aún le recuerdan.

Y mientras nadie lo ve
vuelve a su asiento,
y se sienta,
y se duerme.

Y pasadas dos horas
regresa con otra
copa entre
sus manos.

O con una pistola
que carga cada día
para asegurar el tiro.

miércoles, 20 de diciembre de 2006


Mientras espero
leo un poema
que alguien
descartó.

“No es bueno”, dicen.

Pero nadie ve
que
en el reverso de la hoja
se puede oler el mar.

Porque sus palabras
llegan por arte de magia,
cerrando las manos
y dejando escapar
la sangre
entre nuestros dedos.

martes, 19 de diciembre de 2006


Y aunque no lo hiciera,
a lo lejos,
siempre lo he deseado.

Retirarme a mi vacío,
a mi locura,
y disfrutar de penetrar,
con la mirada,
el alma de los que caminan
sin rumbo fijo.

Esconderme,
y espiar el recorrido de
las dudas,
el camino que deciden tomar
a mis espaldas.

Convertirme en uno de ellos,
desaparecer del paisaje.
Y residir para siempre
en diarios, en cuadernos,
en anchas pinceladas,
en fotos borrosas
y como no, en el olvido
de los que no me conocen.