lunes, 13 de marzo de 2006


Me pedías un último verso,
registrar el fondo en busca
de tus zapatos blancos.

Cada palabra que te dedicaba,
que acumulábamos juntos,
perdía todo su interés
al quitarnos la ropa.

Y entonces decidí
cerrar la puerta,
saber que desde lejos
no oirías mis gritos.

Porque nunca cumplo lo que digo,
y quizá eso sea lo excitante,
olvidarme de actuar, sentarme hasta que el tiempo me queme.

viernes, 10 de marzo de 2006


Instrucciones para robar vidas ajenas lentamente:

- Desprenderse de cualquier tipo de posible sentimiento futuro de remordimiento.
- Hacerse con una cuchilla de afeitar lo más afilada posible. Forrar uno de los lados con cinta para poder sujetarla.
- Salir a la calle todas las mañanas y pasear entre la gente.
- Con la mano levemente inclinada, realizar cortes muy poco profundos en los brazos de toda persona con la que nos crucemos y nunca detenernos.
- Al final de la mañana, regresar a casa, limpiar la cuchilla y anotar en un cuaderno el número de personas a las que les hemos robado vida.
- Ducharse, cambiarse de ropa y salir a pasear tranquilamente por la ciudad.

miércoles, 8 de marzo de 2006


Los días comienzan justo en el momento en el que recuerdo que algo me mantiene vivo. Tal vez sea la melancolía del día que ha acabado, o tal vez el hecho de recordar todo lo que dejé en el camino. Entonces me visto, y descubro que en mis bolsillos conservo el catalejo de cuando jugábamos a espiarnos, de cuando jugábamos a ser unos desconocidos. Y lo abro, para mirar a través de el y buscar alguna escena que observar, algo en lo que fijar mi atención. Pero al final siempre pasa lo mismo, lo cuelgo de mi mochila y salgo a buscar los zapatos que dejé anoche en tu puerta, esperando que un día, a mi vuelta, descubra que una flor ha brotado en ellos. Y una vez más cuando llego se repite la misma escena: la puerta cerrada y en el suelo miles de cartas esperando ser abiertas, miles de cartas devueltas indicando “destinatario desconocido”.

lunes, 6 de marzo de 2006


Tal vez nadie le creyese cuando dijo que saltaría aquella distancia, tal vez todos se rieron de él. Y por eso por la noche lo intentó, cuando nadie podía decirle nada. Y aunque fue un buen salto en el último momento sus manos no llegaron a sujetarse. Y no hubo nadie para parar su caída.

miércoles, 1 de marzo de 2006


Cuando el violinista se subió a lo alto del tejado observó la luna. Se preguntó si desde allí arriba el vértigo sería mayor por la altura a la que estaba, y si sería capaz de asomarse. Entonces comenzó a tocar una canción y poco a poco bajó la mirada. Y fue cuando descubrió que, desde lo alto de aquel tejado, mirar hacia el suelo ya le producía vértigo, tanto que por poco estuvo a punto de perder el equilibrio. Así que se dio cuenta de que aunque desde allí pudiese imaginar lugares peores, el auténtico miedo se lo causaba aquel que más cercano tenía, aquel que se le agarraba en el fondo del cuerpo, aquel que se ocultaba mientras estaba distraído.

domingo, 26 de febrero de 2006


- Escribir a base de espirales sería confuso pero precioso. Aunque todo dependería del grado de coherencía de lo expresado.

- Viajo en amarillo. Con un buen plano te encontraría durmiendo en un lago. Y justo cuando fueses a comenzar a nadar me aferraría a tu cola aún con el riesgo de morir ahogado.

- En un manojo de llaves es más larga la que antes atraviesa el corazón.

- Pricesa, te esperan los monstruos al otro lado de la puerta. Mantente despierta y se devoraran entre ellos.

- Si nieva tal vez sea para congelar las ciudades, para congelar los momentos, para que la gente ande más despacio y se pare a mirar más a su alrededor.

lunes, 20 de febrero de 2006


Cuando alquien se corta las venas dentro de una bañera de agua caliente, esta provoca que se desangre más rápido. Puede ser por eso que dicen que la vida comenzó en el mar.