lunes, 5 de septiembre de 2005


Cuando sin previo aviso logro susurrarte poesías al oído, puedo notar como en la oscuridad bailas alrededor mío. A través de la ventana, las cortinas reclaman libertad, y yo, sentado en medio de la habitación, decido que si cierro los ojos y aspiro el suficiente aire podré escapar volando hasta donde quiera.

domingo, 4 de septiembre de 2005


He soñado con un niño. Iba vestido con un peto verde, botas de lluvia rojas y una camiseta a rayas blancas y negras. Había pintado una rayuela de tiza en el suelo y saltaba de un numero a otro sobre una sola pierna. Cada vez que se paraba, perdía el equilibrio y agitando los brazos se recuperaba. Después de un rato mirándole, me di cuenta de que simplemente saltaba sobre su reflejo en un charco. Se paraba en seco y me miraba. Llevaba también unas gafas de pasta negras y sonreía enseñando los dientes.

Cuando cumplí ocho años contrataste un payaso para mi fiesta. A pesar de todos los juegos que hacía, solamente recuerdo que llevaba dentadura postiza. Cada vez que se reía esta temblaba dentro de su boca. Al año siguiente, en la feria, le busqué en cada esquina del tren de la bruja.
Cuando éramos niños aprendimos a no llorar. Tu agarrabas mi mano y escapábamos al río. Allí me enseñaste a cubrir mi cuerpo de hojas, a dormir sumergido en el agua. Allí aprendí a sentir la tierra mojada bajo mis pies.

sábado, 3 de septiembre de 2005


Cuando sueño de vez en cuando incuyo música de fondo. No es fácil percibirla, realmente no se de su existencia hasta que despierto. Anoche te la intenté tararear para que soñases conmigo, pero de mis labios no fue capaz de salir ninguna melodía
He prendido fuego al piano para conseguir olvidar la muerte de mi padre. Acto seguido, un fuerte dolor de estomago y una fiebre muy alta me han obligado a acostarme. Al cabo de unas horas, al despertar, he descubierto como de las cenizas han nacido tres girasoles.
Pruebe Vd. a bailar en una habitación a oscuras. O a llegar, a través de la cornisa, a la habitación de al lado. Pruebe a desconectar el teléfono. O a tirarse a la piscina, para sentir el agua helada sobre la piel, y temblar, temblar hasta no ver nada.

Leopoldo María Panero.